Aprovechando el puente de Todos los Santos le hicimos una visita a mi hermana, que está viviendo en Avilés. El primer día estaba bastante malo, y como acabábamos de llegar tan sólo nos limitamos a pasear por Avilés después de comer allí (Casa Tataguyo: mi crítica en Tripadvisor aquí). De la ciudad siempre me sorprenden sus casitas de colores, cada una distinta de las otras en arquitectura y color:

Subiendo al Pindo
Esta vez íbamos a hacer el segundo intento de subir a la cima del Pindo. Decidimos ir por la mañana para tener más tiempo así que después de desayunar nos acercamos de nuevo al Pindo y esta vez decidimos empezar a subir desde el propio pueblo.Una subida fallida
Aprovechamos un fin de semana de septiembre en el que todavía hacía calor pero hacía demasiado viento para estar en la playa para hacer un poco de ejercicio subiendo el Monte Pindo. El monte tiene 627 metros de altura e íbamos súper motivados.Mi padre, que ya lo había subido a principios de agosto, nos dijo que había un camino más corto por la zona de Quilmas, así que empezaríamos desde allí.
La primera cuesta ya me dejó ahogada, era empinadísima (aunque no se aprecie en las fotos) y parecía no tener fin.
Para mi la playa de Boca do Río no es una playa al uso, si no más bien una especie de parque de atracciones natural donde cada vez que voy me lo paso como una enana. Es una playa muy peculiar que se encuentra al final de la playa de Carnota y cuyo paisaje cambia según si la marea se encuentra alta o baja.
Cuando la marea está alta va formando islas y no se puede acceder a la otra orilla más que a nado. Cuando la marea empieza a bajar el agua empieza a retirarse dejando grandes lagunas de agua alrededor de las rocas.
Nosotros solemos ir cuando la marea está baja o tirando a baja, y uno puede elegir entre bañarse en el mar (donde el agua está más fría) o en las lagunas que suelen tener un agua templada por la acción del sol y del calor de la arena.
Cuando la marea está alta va formando islas y no se puede acceder a la otra orilla más que a nado. Cuando la marea empieza a bajar el agua empieza a retirarse dejando grandes lagunas de agua alrededor de las rocas.
Nosotros solemos ir cuando la marea está baja o tirando a baja, y uno puede elegir entre bañarse en el mar (donde el agua está más fría) o en las lagunas que suelen tener un agua templada por la acción del sol y del calor de la arena.
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| Playa con marea baja. Se puede observar dos depresiones por donde entra el agua para formar las lagunas con la marea alta. |
Hoy quiero dar a conocer una de mis playas favoritas, la de Ancoradoiro. Es una playa casi salvaje de arena fina y de mar abierto que suele tener fuerte oleaje. Hasta hace unos años estaba rodeada de un pinar inmenso que protegía la playa y le daba más intimidad, pero después de los incendios de 2006 la superficie pinar se ha visto reducida. Aún así la sensación sigue siendo la de estar en plena naturaleza, si nos olvidamos de algunas de las casas que se divisan a lo lejos.
Además nunca suele haber mucha gente y como la playa es larga tiene la ventaja de que el espacio entre los bañistas es enorme, cosa que yo siempre agradezco.

Además nunca suele haber mucha gente y como la playa es larga tiene la ventaja de que el espacio entre los bañistas es enorme, cosa que yo siempre agradezco.
Una de las cosas que más tristeza me produce es ver cómo año tras años no hay nadie que nos gane en materia de incendios. Desgraciadamente volvemos a ocupar este año el primer ranking en cuanto a número de fuegos. Entre las razones algunos apuntan a la política agraria de la xunta o al abandono del campo, pero lo que prácticamente todo el mundo tiene claro es que la gran mayoría son provocados y los rumores hablan de pirómanos y brigadas antiincendios que no cobran si no hay incendios que apagar. Triste pero cierto.
Nuestro verano los solemos pasar en el pueblecito de Louro, cerca de Muros, y no es la primera vez que tenemos que volvernos a Santiago durante un par de días porque en vez de cielo azul lo que se ve es una niebla gris densa y espesa que no es más que el humo de los incendios de alrededor.
Uno de los peores años que todavía recordamos fue el 2006, en la que Galicia ardió entera consumida por las llamas de cientos de incendios. En los incendios forestales de 2006 ardió Monte Louro, ardió todo el pinar (inmenso) de Ancoradoiro y todavía hoy se pueden ver los daños del fuego y los pequeños pinos que plantaron para intentar repoblar todo. La pena que siento cada vez que lo veo es infinita.
Los dos años anteriores llovió bastante durante todo julio y agosto, así que casi nos habíamos olvidado de esta plaga horrible hasta ese año. Una noche, mientras estábamos tomando algo en la terraza del bar de siempre los vecinos empezaron a oler humo y a decir que había un incendio detrás de las casas. De nuestra casa. Corriendo subimos a casa a cerrar todas las ventanas y volvimos a bajar para ver si podíamos ayudar en algo.
Estaba todo el via crucis ardiendo y la mezcla de las llamas y las cruces era pavorosa, dándole un aspecto casi satánico. Sentí rabia e impotencia porque una vez más el incendio parecía provocado. Afortunadamente los bomberos ya habían llegado y estaban empezando a apagarlo por abajo, mientras las llamas iban subiendo el monte y se desplazaban a la izquierda, donde había más árboles y maleza.
Al día siguiente el panorama era desolador, y aunque el viacrucis apenas tenía flora salvo unos cuantos arbustos la tierra negra todavía humeante dolía.
Nuestro verano los solemos pasar en el pueblecito de Louro, cerca de Muros, y no es la primera vez que tenemos que volvernos a Santiago durante un par de días porque en vez de cielo azul lo que se ve es una niebla gris densa y espesa que no es más que el humo de los incendios de alrededor.
Uno de los peores años que todavía recordamos fue el 2006, en la que Galicia ardió entera consumida por las llamas de cientos de incendios. En los incendios forestales de 2006 ardió Monte Louro, ardió todo el pinar (inmenso) de Ancoradoiro y todavía hoy se pueden ver los daños del fuego y los pequeños pinos que plantaron para intentar repoblar todo. La pena que siento cada vez que lo veo es infinita.
Los dos años anteriores llovió bastante durante todo julio y agosto, así que casi nos habíamos olvidado de esta plaga horrible hasta ese año. Una noche, mientras estábamos tomando algo en la terraza del bar de siempre los vecinos empezaron a oler humo y a decir que había un incendio detrás de las casas. De nuestra casa. Corriendo subimos a casa a cerrar todas las ventanas y volvimos a bajar para ver si podíamos ayudar en algo.
Estaba todo el via crucis ardiendo y la mezcla de las llamas y las cruces era pavorosa, dándole un aspecto casi satánico. Sentí rabia e impotencia porque una vez más el incendio parecía provocado. Afortunadamente los bomberos ya habían llegado y estaban empezando a apagarlo por abajo, mientras las llamas iban subiendo el monte y se desplazaban a la izquierda, donde había más árboles y maleza.
Al día siguiente el panorama era desolador, y aunque el viacrucis apenas tenía flora salvo unos cuantos arbustos la tierra negra todavía humeante dolía.
Este año hemos tenido un verano muy bueno en Galicia y menos mal, porque después de las lluvias de los anteriores estábamos todos deseando poder disfrutar de la playa el máximo tiempo posible. Nuestro lugar de refugio es Muros, en la ría de su mismo nombre, que nos ofrece playa, montaña y paisajes preciosos.
Si el año pasado contábamos con los escasos días buenos este año ha sido al revés, y apenas hemos contado un par de días malos en los que no se pudo ir a la playa.
Uno de esos días aprovechamos para hacer una escapada a Noia, una villa marinera medieval que le pone el segundo nombre a la ría (la ría de Muros y Noia).
Nuestra primera visita fue la Iglesia de Santa María a Nova, una iglesia del siglo XIV de estilo gótico marinero y declarada monumento histórico-artístico nacional. El interés principal de esta iglesia son las lápidas gremiales , que datan de la edad media. Antiguamente se encontraban en el exterior de la iglesia pero ahora se exponen en su interior, permitiendo observar a los visitantes los distintos dibujos con que se identificaba cada gremio (zapateros, carpinteros, sastres...).
Si el año pasado contábamos con los escasos días buenos este año ha sido al revés, y apenas hemos contado un par de días malos en los que no se pudo ir a la playa.
Uno de esos días aprovechamos para hacer una escapada a Noia, una villa marinera medieval que le pone el segundo nombre a la ría (la ría de Muros y Noia).
Nuestra primera visita fue la Iglesia de Santa María a Nova, una iglesia del siglo XIV de estilo gótico marinero y declarada monumento histórico-artístico nacional. El interés principal de esta iglesia son las lápidas gremiales , que datan de la edad media. Antiguamente se encontraban en el exterior de la iglesia pero ahora se exponen en su interior, permitiendo observar a los visitantes los distintos dibujos con que se identificaba cada gremio (zapateros, carpinteros, sastres...).






