Tocaba volver a casa, pero aún haríamos dos paradas de camino para sobrellevar los kilómetros: Jerez de los Caballeros, en Extremadura, y Castelo Branco, en Portugal, donde haríamos noche.
Jerez de los Caballeros
Jerez de los Caballeros es uno de los pueblos más interesantes -y menos conocidos- de la provincia de Badajoz, conocido por su pasado templario y por su casco histórico de calles estrechas y casas blancas.
Jerez de los Caballeros está muy ligado a la Orden del Temple, que recibió la localidad tras la conquista cristiana y se encargó de su defensa, reforzando sus murallas y fortificaciones. Tras la disolución de la orden en 1312, sus posesiones pasaron a la Orden de Santiago.
Primero, paramos a comer en un original restaurante situado en una antigua ermita, y después comenzamos la visita a pie.
La Alcazaba se encuentra en la parte más alta de la localidad y forma parte de su antiguo recinto amurallado. Sus orígenes se remontan a la época musulmana, aunque fue ampliada y reforzada tras la conquista cristiana, especialmente durante el periodo en que estuvo en manos de los templarios. Se conservan varios tramos de muralla y torres. Desde la zona del castillo también se pueden disfrutar de buenas vistas sobre el pueblo y el paisaje que lo rodea.



























































