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Nuestro último día en Oslo Aprovechamos la mañana para conocer Aker Brygge en Oslo, una de las zonas más agradables de la ciudad, con un paseo marítimo junto al fiordo y unas vistas preciosas.

Akker Brygge

Nuestro último día en Oslo volvía a amanecer muy soleado. Casi daba pena marcharse sabiendo que al volver a Santiago nos esperaba un tiempo mucho peor. Teníamos toda la mañana antes de coger el vuelo y decidimos disfrutarla paseando por Aker Brygge, uno de los barrios más animados de la ciudad, con un agradable paseo marítimo junto al fiordo.

Aker Brygge se encuentra en la zona del Ayuntamiento y antiguamente fue un área dedicada a astilleros e industrias. En los años 90 se demolieron estas instalaciones y la zona se transformó en un espacio comercial y de ocio, lleno de restaurantes, tiendas y zonas para pasear.

Desde la orilla se puede contemplar al otro lado la Fortaleza de Akershus, una construcción medieval que data del siglo XIII. Es uno de los grandes atractivos de Oslo, aunque en esta ocasión decidimos no visitarla porque preferimos dedicar el tiempo a otros lugares de la ciudad.
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La fortaleza de Akershus al fondo
También en esta zona se encuentra el Museo Nacional Noruega, nacido de la unión de varios museos, entre ellos la Galería Nacional y el Museo de Arte Contemporáneo. Nos apetecía mucho visitarlo, ya que alberga parte de la colección de Munch y estaba incluido en la Oslo Pass, pero durante todo el viaje no conseguimos encajarlo en el planning. Entre los horarios, los desplazamientos y el ritmo más pausado viajando con niñas, finalmente tuvimos que dejarlo para otra ocasión.

Muy cerca está también el Centro Nobel de la Paz, dedicado a la historia del premio Nobel de la Paz y sus galardonados. Era otro lugar que nos parecía interesante y que también estaba incluido en la Oslo Pass, pero aquel último día preferimos simplemente pasear y aprovechar ese solazo con el que nos despedía Oslo.

La zona estaba llena de vida: gente paseando tranquilamente, familias con carritos, corredores y personas aprovechando el sol. El paseo marítimo discurre junto al fiordo, con el agua a un lado y una gran oferta de restaurantes y terrazas al otro.
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Paseo de Aker Brygge
Mientras las niñas divisaron un parque a lo lejos y corrían hacia el a mi me llamó la atención una escultura llamada Pelle group, en honor al líder de un grupo de resistencia noruega contra la ocupación nazi. El 23 de noviembre de 1944 volaron 6 buques militares alemanes que iban a participar en la Batalla de las Ardenas. En este monumento figuran los nombres de las 63 personas que hicieron  posible aquella operación.
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Monumento a la resistencia noruega (grupo de Pelle, el líder)

Un poco más adelante vimos un pequeño faro. Actualmente Aker Brygge sigue siendo un punto de salida de ferris hacia Bygdøy y de excursiones en barco por el fiordo. Al principio no teníamos pensado hacer ningún recorrido en barco, pero después de cuatro días tan especiales en Oslo habría sido un broche perfecto para terminar el viaje. Lamentablemente, no nos daba tiempo. Si visitáis la ciudad en verano, puede ser una experiencia muy recomendable.
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El pequeño faro
Siguiendo el paseo llegamos hasta el Museo Astrup Fearnley, un museo de arte contemporáneo cuyo edificio fue diseñado por Renzo Piano, autor de otros singulares edificios museísticos como el Pompidou de París o el Whitney de Nueva York.Sin título
A partir de aquí el paisaje se volvió todavía más azul, con el fiordo como protagonista. La zona cuenta con una marina llena de embarcaciones deportivas y, mirando hacia el horizonte, se podían ver veleros y montañas con restos de nieve.Sin títuloSin título
También divisamos el Faro Kavringen, construido a finales del siglo XIX. Con sus 13 metros de altura y totalmente automatizado, sigue cumpliendo la función de evitar que los barcos se acerquen demasiado al arrecife del mismo nombre.Sin título
Llegados a este punto decidimos dar la vuelta, aunque alguna de las pequeñas no pudo resistirse a acercarse al agua y explorar la zona rocosa de la orilla.
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De vuelta hacia el hotel apareció otro parque con forma de langosta, y claro, tuvimos que pararnos a disfrutarlo.Sin título
Aquí había también una escultura de un astronauta de 7 metros de altura que llamaba la atención. ES una obra de Brendan Murphy llamada "What's next?".Sin título
Después del paseo volvimos al hotel, recogimos las maletas y pusimos rumbo al aeropuerto en tren. Nuestras Oslo Pass todavía eran válidas, aunque estaban a punto de caducar. Tuvimos suerte porque la revisora pasó apenas cinco minutos antes de que dejaran de funcionar; de lo contrario, no habríamos podido mostrar el pase y podríamos haber tenido problemas.Sin título
En el aeropuerto hicimos tiempo mirando los curiosos souvenirs que se ofrecían a los turistas: botellas de omega 3 de distintas marcas (muy populares en toda Noruega), carne de reno, salmón ahumado y su famoso queso marrón brunost que se hace con queso y nata y tiene un sabor parecido al toffee.
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Omega 3 a la venta en el aeropuerto
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Carne de reno y otros animales árticos
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Tienda de salmón ahumado
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Queso brunost (en los envases de colores)
Durante el vuelo pudimos apreciar desde el aire el paisaje noruego, una mezcla de verde, azul y blanco, ya que algunas zonas todavía permanecían heladas. La verdad que Oslo nos había encantado, y volvimos a casa con muchísimas ganas de seguir explorando Noruega.Sin título Sin título Sin título Sin título
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En nuestro tercer día en Oslo nos acercamos hasta la península de Bygdøy, una zona imprescindible de la ciudad donde se encuentran algunos de los museos más singulares de Oslo, como el Museo Fram y el Norsk Folkemuseum.

Como llegar a Bygdøy desde Oslo

Nuestro tercer día en Oslo también amaneció gris, pero esta vez sin lluvia. Nos dirigimos a la zona del ayuntamiento, desde cuyo puerto salían los ferrys que llegaban hasta la península de Bygdøy, la península de los museos. El pequeño ferry hace una primera parada en el Norsk Folkmuseum primero, y una segunda en el Fram.
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Desde el ferry podíamos ver alejarse el puerto y el ayuntamiento, una zona que ya sabéis que nos había gustado muchísimo.
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 Biblioteca Deichman

El segundo día en Oslo amanecimos con lluvia. Adijirja me había soplado el día anterior las maravillas de una biblioteca al aldo de la ópera y nos pareció un buen plan (spoiler: ¡fue un planazo!). Para no mojarnos cogimos el metro que resulta que estaba limpísimo. Los menores de 6 años viajan gratis, así que sólo tuvimos que pagar el ticket de dos adultos.
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 Conociendo Oslo

La primera mañana en Oslo nos recibió con un sol espectacular que hacía que nos sobrasen todos los abrigos. Desayunamos con calma en el hotel, disfrutando del comienzo de nuestras vacaciones y desperezándonos, pues habíamos dormido poco al haber llegado tan tarde el día anterior.

Oslo tenía pinta de tranquila. Es una capital relativamente pequeña, de unos 600.000 habitantes a donde el turismo masivo todavía no ha llegado. Fue fundada en el siglo XI por el rey Harald III, pero no se convertiría en capital hasta el siglo XIV, con Harald V, quien fijó aquí definitivamente la residencia real. Sin embargo, nunca fue una ciudad demasiado importante hasta el siglo XVIII. Durante los años de unión con Dinamarca no tenía apenas influencia, y posteriormente varios incendios arrasaron casi toda la ciudad, reconstruyéndose posteriormente y renombrándose Christiania. A partir del siglo XVIII empezó a ganar influencia a medida que crecía la industria y el comercio marítimo. Hoy en día es una de las ciudades con mejor calidad de vida, pero también una de las más caras.

De Paseo por Karl Johans gate

El Palacio Real de Oslo es una construcción del siglo XIX, de estilo neoclásico, de líneas muy simples. De hecho, nos sorprendió lo accesible que era, sin vayas, sin jardín, sin pompa. No se empezó a usar como residencia real permanente hasta el siglo XX y sólo se puede visitar en verano, cuando los reyes se mudan a su residencia estival en la península de Bygdøy.

Enfrente del palacio, una estatua ecuestre de Carlos Juan mira hacia una de las calles principales de Oslo, que lleva su nombre, Karl Johans gate, que empieza en la Estación Central y termina precisamente en el palacio real.
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Palacio Real de Oslo
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Rumbo a Oslo

En abril de 2025 decidimos hacer una escapada a Oslo, aprovechando que desde Oporto hay vuelo directo. Era la primera vez que volábamos vía Oporto y la experiencia fue muy buena (tanto, de hecho, que en diciembre repetimos). El aeropuerto es bastante manejable y funciona bastante bien. Además dejamos el coche en un parking cercano al aire libre, lo único malo fue que nos cayó la del pulpo en el trayecto entre el parking y la terminal, y teniendo en cuenta que llevábamos dos maletas de mano y un carrito para la peque, apenas nos quedaban manos para sujetar los paraguas.

El vuelo era de tarde y tardaba unas 4 horas. Nuestra mayor preocupación fue que las niñas descansaran algo porque aterrizábamos tarde y no queríamos que empezaran el primer día privadas de sueño. No lo conseguimos... Ni siquiera cuando apagaron las luces a mitad de vuelo: estaban demasiado excitadas

La otra preocupación era aterrizar en hora, porque si nos retrasábamos nos quedaríamos sin transporte público, ya que el metro y los trenes cierran entre las 0:30 y la 01:00 a.m. 
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Viendo llover desde la ventana del avión. La lluvia nos retrasó un poco el vuelo.
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