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Conociendo Roma

Un sol espléndido y un capuccino delicioso nos daban la bienvenida a Roma el martes por la mañana. De desayuno en el hotel, como siempre que vamos a Italia, Nutella, lo que no deja de parecernos gracioso. Tras el desayuno nos dirigimos hacia la Piazza dei Cinquecento, al ladito de Termini, y desde donde partían la mayoría de los buses turísticos.

Yo había quedado con mi hermana y su novio, que también estaban allí visitando a una amiga, en en el Colosseo, pero antes nos dio tiempo a pasarnos por muchos sitios interesantes mientras íbamos andando hasta el punto de encuentro. Prácticamente al lado de la Plaza del Cinquecentto están las Termas de Diocleziano, las termas más famosas de Roma.
Termas de diocleziano
Basilica S. Maria degli Angeli e dei martiri
Basílica construida aprovechando restos de las termas 
Las vimos sólo por fuera, ya que tuvimos que escoger muy bien que era lo que queríamos ver en los días que estábamos allí, y había tantas cosas que fue muy difícil elegir. Por algo se dice aquello de:
"Roma, non basta una vita" (Roma, no basta una vida [para verla])

De camino nos fuimos fijando en las originales alcantarillas de la ciudad, que tenían escrito el antiguo lema que portaban los soldados romanos en sus estandartes: S. P.Q.R.
Piazza del Esquilino
"S.P.Q.R.", emblema de los estandartes de Roma y nombre oficial de la república y el imperio romano (si recordáis los cómics de Asterix o el tatuaje de Gladiator son éstas mismas letras)
También encontramos el primer obelisco de los muchos que nos encontraríamos los siguientes días. Y es que Roma tiene unos trece Obeliscos, 8 de ellos del Antiguo Egipto, y 5 copias que se mandaron hacer en la Antigua Roma. Este obelisco era el Obelisco Dogalia, uno de los 8 del Antiguo Egipto.
Piazza della Repubblica (Exedra)
Obelisco Dogali

Santa Maria Maggiore

Nuestra primera parada fue en la Basílica de Santa Maria Maggiore. Es una de las cuatro basílicas mayores junto con San Pedro, San Giovani in Laterano, y San Pablo Fuori le mura. Estas basílicas mayores se consideran las de más alto rango y se distinguen por tener una puerta santa (ya que es prescrita su visita para ganar el jubileo romano) y porque la misa en el altar mayor sólo la puede celebrar el Papa y sus delegados. Santa María la Mayor es la mayor iglesia de Roma dedicada a la Virgen. Su interior es una mezcla de estilos, pero que en conjunto lo hacen bastante impresionante:
Santa Maria Maggiore
Detalle de una vidriera de la iglesia
Santa Maria Maggiore
El luminoso y rico interior
Santa Maria Maggiore
Relicario del Pesebre, que se supone que contiene piezas de madera del pesebre donde se colocó al Niño Jesús.
Santa Maria Maggiore
Suelos estilo cosmati
Santa Maria Maggiore
Entrada a la Cripta del Belén, donde se guardan las Reliquias del Pesebre
  Santa Maria Maggiore Santa Maria Maggiore

San Pietro in Vincoli

Después nos acercamos hasta San Pietro in Vincoli. El nombre vincoli (cadenas) es porque se supone que aquí se guardan las cadenas con las que encarcelaron a San Pedro.
St. Pietro in Vincoli
Interior de San Pietro in Vincoli
St. Pietro in Vincoli
Las famosas cadenas
St. Pietro in Vincoli
Detalle del techo
Pero sin duda por lo que la mayoría de los turistas la visitamos es porque aquí es donde se encuentra la famosa estatua del Moisés de Miguel Ángel. La estatua fue comisionada por el Papa Julio II para su tumba en San Pedro, pero tras su muerte se decidió llevarla a San Pietro. La estatua en sí es impresionante, sobre todo la manera de mesarse la barba, casi parece real. Pena que no tenga una foto decente de la estatua, porque era imposible con tanto turista.
St. Pietro in Vincoli

Coliseo

Por fin llegamos al imponente Colosseo, Coliseo o Anfiteatro Flavio, donde nos encontramos con mi hermana y su novio. Hicimos una pequeña cola para adquirir las entradas, pero nada preocupante para ser Roma. [Tip: Las entradas para el Coliseo también se pueden adquirir en el Palatino-Foro romano, donde suele haber mucha menos cola]

En esta impresionante construcción del siglo I, que se sigue manteniendo en pie más de veinte siglos después, se celebraban luchas de gladiadores, animales y esclavos. Tenía capacidad para unas 50.000 personas (lo cual es impresionante para la época). Era el más grande coliseo de todo el imperio, y se usó hasta el siglo VI. Con la caída del Imperio se abandonó, y las gentes de Roma le dieron otros usos como fortaleza o cantera de construcción. Lo que más eché en falta, no del Coliseo sino de Roma en general, es que junto con tu entrada no te daban nada, ni un simple folleto o plano. Como no tuvieras en tus manos una buena guía, o pagases la audioguía, no te enterabas de nada :(
Colosseo
Exterior del Coliseo
Colosseo
Sección del coliseo
El terreno de juego estaba formada por madera recubierta de arena, debajo del cual estaría el hipogeo, las galerías subterráneas en el que se alojarían los animales y los luchadores, que hoy en día se pueden apreciar a simple vista pero que en origen no se podían ver porque los tapaba el propio "escenario". [Tip: Existen tour guiados donde además de poder ver el Coliseo como con la entrada normal, se desciende al hipogeo yse puede subir al tercer nivel de gradas]
Colosseo
Reconstrucción del terreno de juego en madera y el hipogeo a la vista.
Colosseo
Detalle del hipogeo
El público se distribuía según clases sociales en las gradas, de forma que los más pobres estaban arriba, y los más ricos tenían los asientos más cercanos (más o menos como sigue siendo ahora).
Colosseo
Detalle de las gradas
Colosseo Además el Coliseo contaba con un velario, una tela que permitía cubrir el edificio en caso de lluvia o sol. Pero obviamente ahora no existe, y con el sol cayendo a plomo y sin nada donde resguardarnos, nos estábamos achicharrando, así que decidimos acabar la visita. Y qué bien hicimos, porque minutos después aquello se llenó de gente:
140 - Palatino y Foro Romano

Foro Romano y Palatino

Dejamos el Coliseo y nos dirigimos hacia el Foro romano y el Palatino. Mi hermana y compañía se quedaron disfrutando un rato más el Coliseo. En esta ocasión, tampoco nos dieron mapa ni nada, con lo que tuvimos que recorrerlo con ayuda de la guía, y aún así era tan inmenso que era imposible darse cuenta de la magnitud y la importancia de estos monumentos con un simple recorrido por libre. Con nuestro limitado presupuesto en aquel entonces y lo caro que era todo en Roma, la opción de coger una audioguía ni la contemplamos, pero sin duda no fue una buena idea, la visita lo pide.

El Foro Romano era el el foro magno de la ciudad de Roma. Aquí se encontraban los templos y tenía lugar el comercio. Era el punto de encuentro de la ciudad y su punto central. Aquí tenían lugar procesiones militares, combates de gladiadores, ajusticiamientos... (os recomiendo la serie Roma para aceros una idea).
156 - Palatino y Foro Romano
Es difícil estando allí hacerse una idea de cómo era aquello en su estado original, pero buscando en internet se puede encontrar alguna. Os recomiendo el libro "Roma, pasado y presente" que recomienda Vero en su blog y que se puede comprar en los quiscos de Roma.
Reconstrucción del foro

El Palatino es una de las colinas de Roma y una de las partes más antigua. Cuenta la leyenda que la loba amantó aquí a Rómulo y Remo y muchos romanos tenían aquí su residencia. Entre otros muchos restos se pueden ver las ruinas de diferentes casas romanas como la Domus Flavia, residencia de la Dinastía Flavia. Desde aquí también se pueden ver impresionantes vistas del Foro Romano.
160 - Palatino y Foro Romano 161 - Palatino y Foro Romano 163 - Palatino y Foro Romano 157 - Palatino y Foro Romano 183 - Palatino y Foro Romano 185 - Palatino y Foro Romano

Circo Massimo

Justo al lado del Foro se encontraba el Circo Massimo, el mayor circo para carreras de carros de todo el Imperio. Se cree que podía acoger 300.000 espectadores. Sin duda el circo atraía a muchos más espectadores que el propio Coliseo, ya que este último tan sólo tenía capacidad para 50.000, poniendo en relieve la popularidad de las carreras frente a las luchas. Actualmente es una explanada-parque que puede pasar desapercibido si no te fijas bien.
186 - Circo Massimo

Bocca della Veritá

Cerca también se encuentra la Iglesia de Santa María in Cosmedin, que cobija la Bocca della Veritá, en la que por cierto tuvimos que guardar cola para poder sacar la foto. No se sabe a ciencia cierta para que servía, pero la leyenda dice que si un mentiroso mete la mano en la boca saldrá sin ella. Por suerte nada de eso nos pasó a nosotros xD
190 - Bocca della verita

Il Vittoriano

Después hicimos una parada para comer en un sitio cercano, y de postre tomamos un delicioso helado en Piazza Venecia [Tip: Es imprescindible probar los helados en Roma, ¡están buenísimos!]. Visitamos Il Vittoriano o Monumento a Vitorio Emanuel II, que conmemora al que fue el primer rey de la Italia unificada: Victor Manuel II. El edificio no está exento de polémica, ya que para construirlo se derribó un antiguo barrio capitolino. El marmol blanco puede llegar a ser cegador en los días de muchos sol, y su estilo a muchos les recuerda a una máquina de escribir o a una enorme tarta de nata.
204 - Il Vittoriano
223 - Il Vittoriano
Tumba del soldado desconocido
En el interior del edificio hay un museo que guarda armas, y desde lo alto hay unas bonitas vistas del foro. 238 - Il Vittoriano 241 - Il Vittoriano 244 - Il Vittoriano 245 - Il Vittoriano

Campidoglio y museos capitolinos

La última parada del día fue el Campidoglio y los Museos Capitolinos. Aquí se exhiben esculturas, frescos y pinturas de gran valor. Algunas os sonarán mucho como la estatua de la loba con Rómulo y Remo o el impresionante Coloso de Constantino.
261 - Campidoglio
266 - Campidoglio
Coloso de Constantino
271 - Campidoglio 276 - Campidoglio 279 - Campidoglio
Desde allí se podía, cómo no, apreciar también el Foro en todo su esplendor:
292 - Campidoglio Esa fue nuestra última visita del día, acabamos agotadísimos y un poco saturados también de tanta ruina. El día siguiente lo dedicaríamos a monumentos un poco más "modernos".
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El lunes, 15 de Septiembre a las 20:30 estábamos cogiendo el vuelo que nos llevaría a Roma. Era la primera vez que nosotros íbamos a volar de noche, la primera vez que íbamos con nuestro amigo A., y la primera vez que él volaba. Cuando estábamos a punto de aterrizar, nos apagaron las luces del avión (procedimiento rutinario, por otro lado), y Roma cuadriculada se extendió a nuestros pies con miles de luces.

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Asturias patria querida, Asturias de mis amores...

Mi hermana, su novio, Mr. Knook y yo pusimos rumbo a Asturias para pasar un fin de semana en oviedo. Salimos el viernes después de comer, conducía yo, 4 horas y pico, con una breve parada en Tapia de Casariego para probar las especialidades de la pastelería Palermo, de la que dicen que tiene el mejor maestro pastelero de España. Oviedo
Tapia de Casariego
Reponiendo fuerzas en la pastelería
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El jueves aprovechando que hacía buen día, decidimos hacer una excursioncilla. Cogimos el coche y nos fuimos dirección A Guarda, a ver el castro de Santa Tegra. Este castro es sin duda uno de mis favoritos, pues su privilegiada situación a 300 metros de altura proporciona unas vistas magníficas de la desembocadura del Miño. La entrada al castro son 0,8€. Claro que para llegar hasta aquí, como habíamos ido por autopista, ya nos habíamos gastado 10€ en peajes en 120 kilómetros:4,95€ en el de Pontevedra, 2,85€ en el de Vigo, 2€ en Tui, ¡qué sangrar! (y eso a precios de 2008, que ahora han subido y mucho). Catro de Santa Tegra
Este poblado castrense pertenece a la época romana, y estuvo activo entre los siglos I a.C. y I d.C., y habría estado ocupado por los grovios, un pueblo galaico que ocupaba esta zona y cuya capital sería Tui.
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Éste es un post que intenta resumir las experiencias del viaje, esas cosas que luego se olvidan con el tiempo y que realmente constituyen casi la esencia del mismo. Éstas han sido las nuestras:

NOS HA ENCANTADO/GRANDES EXPERIENCIAS

Arc du TriompheArc du TriompheLouvreHotel de VilleNotre DameMusèe D'OrsayTorre Eiffel
  • El Arco del Triunfo y La Torre Eiffel, impresionantes, enormes, monumentales. Y buenísimas vistas desde lo alto.
  • El ambiente de Montmartre, de día, de noche, con sol, con lluvia...
  • La Ópera Garnier y lo íntimo de su visita un día lluvioso
  • El Hotel de Ville, el ayuntamiento de la ciudad, y esa maravillosa fachada neo-renacentista
  • Subir a lo alto de Notre Dame y descubrir las famosas gárgolas y unas hermosas vistas.
  • El Museo D'Orsay, ubicado en una antigua estación de tren. 
  • La pequeña Iglesia de Saint-Germain-des-Prés y la plaza del mismo nombre. En la rive gauche se respira otro ambiente.
  • Las nympheas de Monet, en el Musée de l'Orangerie. Monet es mi pintor favorito, y estos cuadros ovalados me impresionaron enormemente.

IMPRESCINDIBLE


Arc du Triomphe El Arco del Triunfo: Me impresionó nada más verlo, ya que es imponente. Se puede subir a lo alto del mismos y tener una panorámica de las 12 avenidas que confluyen en esta rotonda, en especial de los Campos Elíseos.
Torre Eiffel La Torre Eiffel: No esperaba que me gustara tanto, pero, al igual que el Arco del Triunfo, su tamaño impacta. Sus dimensiones son extraordinarias una vez que te paras a su lado y las vistas desde lo alto son totalmente maravillosas.
Louvre El Museo del Louvre: Visitar la Mona Lisa es lo que hace todo el mundo, pero el Museo tiene mucho más, aunque hay que planificarlo muy bien porque las dimensiones son inabarcables. Si se van pocos días yo lo evitaría.
Sacre Coeur Montmartre y el Sacre Coeur: En esta encantadora colina de la ciudad se respira un ambiente bohemio diferente al resto. La Iglesia del Sacre Coeur es bastante singular y también puede subirse a la cúpula, si todavía no nos hemos cansamos de las vistas de París desde las alturas.
Notre Dame Notre Dame y subir a visitar las gárgolas: Esta iglesia gótica coronada por gárgolas está en una isla. Las gárgolas son muy curiosas, y las vistas a la otra orilla del Sena también valen la pena.
Pantheon El Panteón de París es un edificio que desprende historia por los cuatro costados. Aquí descansas algunos franceses de renombre como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Marie Curie (nacionalizada francesa), Jean Monnet o Alejandro Dumas.

NOS HA DECEPCIONADO

  • La Géode y el Parc de la Villette: todo en francés y todo difícil para los turistas. No pudimos ver el submarino porque no funcionaba con nuestras tarjetas españolas y no se podía pagar en efectivo.
  • Versalles, elegimos una mala época para visitarlo. En invierno los jardines tienen las estatutas tapadas, la información brillaba por su ausencia (mejor contratar audioguía) y estaba lleno a reventar.

Los #parisfacts

  • Los parisinos podían ser un poco bordes si les preguntabas, y más si no hablabas un francés perfecto. 
  • Da igual donde compres un croissant, las posibilidades de que sea el mejor que hayas comido en tu vida son prácticamente del 100%

NOS QUEDAMOS CON GANAS DE VER

  • El Museo Marmotant-Monet y el Museo Rodin, y de visitar el Louvre con más calma. Sólo estuvimos dentro media hora y nos quedó muchísimo por ver, claro.
  • El cementerio de Père-Lachaise
  • El barrio de Le Marais y la Place des Vosges, y también acercarnos a La Defense.
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Visitando Versalles

Era nuestro último día en París, que habíamos reservado para Versalles. Para llegar hasta allí, lo hicimos en tren. Llegar no fue difícil, pero tampoco demasiado fácil. Nosotros nos guiamos por la gente a la que veíamos con un mapa en la mano, que se suponía que iban al mismo sitio. La verdad es que en el tema transportes no nos gustó mucho la señalización, pero claro, también éramos inexpertos viajeros y no teníamos ni idea de francés. Habrá que volver ahora que tenemos más bagaje e idiomas ;)

Cuando llegamos a Versalles había muchísima gente. Además el palacio estaba en obras, con lo que no se podía apreciar lo grande que era. Cuando vi a tanta gente casi me da un soponcio, la cola era larguísima. Menos mal que tras una pequeña búsqueda divisamos una entrada rápida reservada a los propietarios de la Paris Museum Pass, que nos permitió entrar directamente y sin hacer cola.
Chateau de Versailles Chateau de Versailles

Palacio de Versalles

El Château de Versalles o Palacio de Versalles es quizá el más conocido del mundo. Aquí estuvo la corte de Francia durante casi un siglo, hasta que la revolución guillotinó a Luis XVI y María Antonieta, sus últimos habitantes reales. El palacio fue construido en la época de Luis XIV, el rey Sol. Sus grandes dimensiones y su capacidad para albergar una corte compuesta por 6.000 personas, transmitían la grandeza y el poder de Francia. Su construcción marcó un antes y un después, pues a partir de entonces toda monarca europeo construía un palacio que rivalizara con Versalles (Peterhof en Rusia, Schönbrunn en Austria...), aunque ninguno lo consiguió.

Nos acercamos a las taquillas y mostradores para intentar coger un mapa, folleto informativo o guía para la visita, pero no le quedaban folletos en español, así que lo cogimos en inglés, aunque no nos fue muy útil y nos tuvimos que contentar con las parcas explicaciones de la guía que llevábamos.

Empezamos la visita por la Capilla de Palacio, de dos plantas, desde la cual se accedía al resto de las salas. La capilla es impresionante, ricamente decorada, da una idea de la opulencia en la que vivían los reyes. Fue sin duda la parte del palacio que más nos impresionó.
Chateau de Versailles Chateau de Versailles El El resto de las salas del palacio no nos pareció nada del otro mundo, por aquel entonces no éramos demasiado fans de los palacios, y como nuestra economía era la que era, no nos planteábamos ni coger las caras audioguías, que hacen más amena e interesante la visita. Nos conformamos con el plano que habíamos cogido a la entrada y la guía que llevábamos, pero estaba tan lleno de gente, que en algunas partes no se daba respirado, mucho menos apreciado las salas. En alguna ocasión el guardia gritaba a los turistas para que siguiesen avanzando y no se parasen formando un tapón humano, y a ratos prohibía quitar fotos, dependiendo de las salas. [Tip: Para visitar el palacio lo mejor es un guía o una audoguía y evitar festivos, puentes o fines de semana]. 

Los aposentos y el Salón de los Espejos (sin duda la habitación más conocida de todo el palacio) eran prácticamente imposibles de ver entre tanta gente, y mucho menos intentar hacer una foto decente.
Salón de los Espejos. Fuente: Wikipedia.
En las habitaciones de la planta baja había menos gente, y pudimos disfrutar un poco más la visita.
Chateau de Versailles
Habitación del Delfín, en la planta baja.
Chateau de Versailles
Habitación de la Delfina

Jardines

Cuando terminamos la visita del Palacio principal fuimos a los jardines. Es cierto que tienen fama de preciosos, pero en esa época la hierba estaba seca, y todas las estatuas, jarrones y demás que los adornaban estaban tapados por lonas para su conservación durante la temporada invernal, por lo que no se podían apreciar. Eso sí, ser son infinitos, hasta se ofrecían diversos medios de transporte para poder recorrerlos sin cansarse como bicicletas o una especie de cochecitos de golf. Nosotros preferimos pasearlos a pie.
Chateau de Versailles
Los jardines desde la explanada del Palacio

Grand Trianon

Llegamos hasta el Grand Trianon, un pequeño palacio que mandó construir Luis XIV para huir de las rigideces de la corte. También lo pudimos visitar con nuestra entrada. Las habitaciones eran parecidas a las del palacio principal, aunque a menor escala.
Le Grand Trianon
Grand Trianon
Le Grand Trianon
Cuarto de juegos, en el interior del palacio.

Petit Trianon

Existe también un Petit Trianon, que pertenecía a María Antonieta, pero no lo pudimos ver por dentro porque estaba en obras. La reina lo usaba para evadirse de palacio, y en este "pequeño" territorio podía hacer lo que se le antojara.

En los dominios del Petit Trianon encontramos jardines y L'Hameau de la Reine, o la aldea de la reina, un pequeño poblado en el que María Antonieta jugaba a que era campesina. Esta aldea cuenta con varias casas, huertos, y hasta animales para una mejor representación de la vida campestre.
Le Hameau de la Reine Le Hameau de la Reine La Hammeau de la Reine Y así pusimos punto y final a nuestro viaje a París. Al día siguiente por la mañana volamos rumbo a casa, un pelín hartos de los franceses por todas las trabajas lingüísticas que nos ponían y un poco hartos de París también. Sin embargo, una vez repuestos del cansancio del viaje y vistas las fotos...¡estamos deseando volver! (especialmente ahora que controlamos el francés jejeje).
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Vistas desde el Sacre Coeur

Nuestra idea era ir Versalles, pero como era festivo, hacer un viaje en tren y luego descubrir que estaba cerrado no nos hacía gracia (ay, esos inicios en que no llevábamos nada preparado, ni las fechas de apertura de los sitios, ni había smartphones para consultar en cualquier momento ¡qué tiempos!). En la guía que teníamos ponía que cerraba, aunque luego descubrimos que no fue así. En cualquier caso nos quedamos con esa idea de que estaba cerrado y decidimos ir a la Ciudad de las Ciencias en el Parc de la Villete, que nos había recomendado mi madre. Como no abría hasta las 10, decidimos hacer tiempo visitando la Basílica del Sacre Coeur de nuevo. Esta vez subimos a lo alto de la cúpula, ya que la otra vez llovía a cántaros y no teníamos muchas ganas. Las vistas eran muy bonitas, pena que el día estaba un poco gris y el interior de la cúpula estaba ennegrecido y lleno de pintadas.
Sacre Coeur
Vistas desde la cúpula del Sacre Coeur
Sacre Coeur
Lo más interesante, a parte de las vistas fue al ascensión, ya que la primera parte se hace a través de la típica escalera de caracol, pero después sales al aire libre y vas subiendo por el tejado a través de unas estrechísimas y blanquísimas escaleras.
Sacre Coeur Sacre Coeur

La ciudad de las Ciencias y la Géode

Después fuimos a la Cité, la Ciudad de las Ciencias y la Industria. Realmente fue una mala idea ir ese día, ya que al ser festivo estaba llenos de gente, niños con sus padres mayormente. Como había tanta gente, los pases para la famosa Géode (un cine con forma esférica donde proyectan películas formato IMAX) estaban agotados hasta las cuatro de la tarde. Cogimos un pase para las cuatro (ya que estábamos allí...) y mientras esperábamos (aún eran las 11) pensamos que podíamos ver el museo. Eso fue lo que hicimos pero salimos muy decepcionados, era imposible interactuar con ninguno de los montajes que había porque todos y cada uno estaban ocupados. Y por supuesto, las explicaciones estaban sólo en francés. Así que vista la experiencia frustrante nos fuimos a pasear por el parque donde había un submarino que se podía visitar. Ya hasta estábamos emocionados por poder montar en un submarino. Pero resulta que cuando fuimos a pagar la entrada, que valía 3 euros, sólo se podía hacer en una máquina que sólo admitía VISA con chip (y las nuestras y las de casi todos los españoles por aquel entonces eran de banda magnética). Al final no pudimos entrar a ver el maldito submarino a pesar de que tenía dinero suelto (porque no cobraban en metálico) y tenía Visa (porque no tenía chip). ¿Qué clase de negocio absurdo era ese? ¡¡¡¡¡Me cabreo cada vez que lo pienso!!!!!  
Parc de la Villete
Posando con el maldito submarino, sonrientes, antes de saber que no podríamos visitarlo.
Por fin dieron las cuatro, hora de ir a ver la película en la Géode. Por desgracia sería otra visita decepcionante. La (mini) película era en francés, y si lo querías oír en inglés había que pedir unos auriculares en taquilla y dejar tu carnet o pasaporte en prenda, que fue lo que hicimos. Luego el vídeo que nos tocó era del mundo marino, nada interesante la verdad, y tampoco tenía mucho que oír así que podíamos haber prescindido de los auriculares. Salimos de allí bastante frustrados porque habíamos perdido allí un día entero y no nos había gustado nada. Podría haber ido a hacer otra cosa mejor. Después, entre que volvimos al hotel y que anochecía muy pronto, ya no teníamos ganas de nada más, así que fuimos al dormir con la sensación de haber perdido el día horriblemente.
La Geóde
Posando en la Géode, con altas expectativas que después se truncaron.

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