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Volando con Lufthansa

 ¿Quién dijo miedo? Estábamos a punto de embarcarnos en un vuelo de unas 10 horas con una peque de 19 meses con una escala en Frankfurt. Yo tenía mucha fe en que las cosas salieran bien, al fin y al cabo este iba a ser su vuelo nº 11, así que ya teníamos cierta experiencia en vuelos cortos. En el vuelo a Frankfurt nos regalaron un peluche de un avión que le hizo mucha gracia y que nos vino muy bien para algunos tiempos muertos, distracciones...La chica de facturación en Santiago se sorprendió de que nos fuésemos a Bangkok con un bebé ¡y sin carrito!. Pero para nosotros el carrito es más un incordio y con la mochila de porteo vamos a todos los lados.
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Familia a punto de empezar su viaje al sudeste asiático (y la peque enganchada a la teta ¡cómo no!)
Nuestra idea inicial era haber hecho una visita a Frankfurt, pero las temperaturas eran tan bajas que desistimos. Habíamos decidimos no llevar abrigo porque no lo íbamos a necesitar, y no somos tan valientes como para afrontar temperaturas de 6ºC a cuerpo gentil (que pena que no hubiera un sitio donde alquilar ropa o algo, idea de negocio jajajaja). Por ello, al final tuvimos una escala bastante larga en el aeropuerto de Frankfurt pero que pasamos bastante entretenidos porque es un aeropuerto enorme y muy moderno. Aprovechamos para comer (Restaurante Coa: mi crítica en Tripadvisor aquí), visitar tiendas, jugar con la peque en uno de sus parques...
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A las diez de la noche embarcábamos en el inmenso A380, el avión de pasajeros más grande del mundo que ya habíamos visto cargar toda la tarde desde la ventana de la sala de espera. Es una vión de dos pisos, con tres fingers y camiones de catering por todas partes para suplir a un vuelo tan largo. Como íbamos con la pitusa embarcamos de primeros, lo que es un puntazo porque tienes mucho tiempo para acomodarte tranquilamente.
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Viendo cargar el avión
La tripulación nos ofreció una cunita para la niña, cosa que me sorprendió porque yo la quise reservar pero había leído que era para menores de 18 meses. Por lo que veo la edad es aproximada porque no me preguntaron nada, y supongo que mientras quepa de talla no hay problema. Durante el despegue y el aterrizaje la retiran, pero resulta muy cómoda aunque sea sólo para tener un lugar donde jugar con ella. Como ya conocemos a nuestra hija no nos sorprendió que apenas durmiera, despertaba de vez en cuando y había que cogerla, volverla a dormir, volverla a poner en la cuna, etc. La cuna viene con una pequeña almohada y una mantita, igual que las que reparten al resto de pasajeros.
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Con la cunita montada
Tras despegar ya sabéis que hacen un poco de tiempo hasta darte la cena. Primero repartieron unas toallitas calientes, después unos snacks y, por último, la cena que fue bastante mala e insípida. Cenamos casi a medianoche, cuando lo que de verdad querríamos fue haber aprovechado más el tiempo para dormir.
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Lasaña, ensalada y pastelito.
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Arroz con pollo...o algo así (estaba malísimo)
Tras la cena intentamos dormir, aunque se hace difícil con tanta luz. Estábamos cerca de uno de los baños y aunque pusieron la cortinilla cada vez que alguien pasaba se notaba. Además los asientos terminan siendo muy incómodos porque ya no sabes como ponerte, creo que probé todas las posturas posibles, y eso añadiendo vigilar a la niña, calmarla, volver a dormirla...

Al igual que cuando fuimos a Japón, el avión también disponía de una zona de autoservicio con aguas, snacks, zumos...


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Snack salados que se ofrecían durante todo el vuelo
A las 7 de la mañana ya repartieron el desayuno, así que de las diez horas de vuelo podemos decir que pasamos 5-6 intentando dormir y el resto comiendo o haciendo tiempo para la comida. El desayuno fue otra gran decepción porque era muy malo, yo sólo fui capaz de comer el yogur, aún sabiendo que llevaba kilos de azúcar :(
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Por la ventana ya se iba viendo cómo había cambiado el paisaje. Volamos por encima de la India y de Myanmar.
Vistas de Myanmair y Tailandia desde el aire

Visado y entrada al país

Poco antes de aterrizar nos repartieron los formularios de entrada al país donde te piden tus datos personales, nº de vuelo, duración de la estancia, propósito de la misma, etc.
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Formulario de entrada al país
Al llegar tuvimos que ir a pasar el control de pasaporte solamente, porque no es necesario ningún visado de entrada al país para turistas españoles. Además todo el personal fue muy amable y nos dieron prioridad de paso por ir con un bebé, cosa que agradecimos infinitamente porque las colas eran bastante largas. No en vano el aeropuerto de Suvarnabhumi (BKK) es el más importante de Tailandia y es un aeropuerto enorme.

En el control de pasaporte te hacen una foto, te registran las huellas y te dan un resguardo del formulario de entrada que debes entregar al abandonar el país.

Una vez en la terminal de llegadas del aeropuerto sacamos dinero en un cajero automático, y ¡nos olvidamos la tarjeta dentro!. El problema fue que al contrario que los cajeros en España el orden de entrega no es primero tarjeta, luego dinero y por último recibo, sino que nos dio el dinero primero y Mr. Knook se pensó que ya había cogido la tarjeta. No nos dimos cuenta hasta llegar al hotel. Por suerte fue sencillo bloquearla a través de la app del banco y cancelarla al volver a España (a través de la app no nos funcionó bien la opción de cancelarla y nos daba la opción de llamar por teléfono, pero no teníamos SIM para ello).

También aprovechamos para cambiar la SIM del teléfono por una local.

Desplazamiento al hotel

Para llegar hasta el hotel utilizamos el transporte público. Cogimos el Airport Rail Link, un tren que conecta el aeropuerto con la ciudad y que tardó una hora aproximadamente en dejarnos en la estación de Paya Thai. Desde Paya Thai cambiamos al tren elevado o BTS Skytrain. Para comprar los tickets tienen máquinas pero la mayoría de ellas tan sólo admite monedas. Se pueden comprar también en las taquillas pero tienen el mismo problema, así que es fundamental llevar efectivo. Hay algunas máquinas que admiten billetes pero no en todas las estaciones. El billete se paga en función de la distancia que vayas a recorrer.

Nosotros tuvimos que hacer un transbordo hasta llegar al hotel y alucinamos con la cantidad de gente, el calor y la humedad (34ºC y casi 100% de humedad).
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Al llegar a la estación de destino aún tuvimos que hacer otros 10 minutos más andando, que con la maleta y las ganas de relajarnos se nos hicieron eternos. Además nos chocó muchísimo ver el mal estado de las aceras (si es que las había), la poca preferencia de los peatones sobre los coches (casi no había pasos de cebra), los cables colgando por las calles, la contaminación...

Casi 4 horas después de aterrizar por fin llegábamos al hotel y pudimos relajarnos (Hotel Siri Sathorn: mi crítica en Tripadvisor aquí). Ya se había hecho de noche (anochecía a las 5 de la tarde) y no teníamos fuerzas para mucho. La peque estaba pasada de rosca total, entre lo poco que había dormido, el cambio horario, etc. Nos duchamos y bajamos a cenar al restaurante del hotel, ya que nos habían invitado a un pad thai (mini, pero algo es algo) y lo completamos pidiendo un curry verde al que me volví adicta desde ese día. El primer bocado me supo picante y super fuerte, pero después me acostumbré enseguida al sabor y me encantó. Ese fue nuestro primer contacto con los sabores típicos tailandeses que son tan difíciles de encontrar en nuestra parte del mundo: galanga, hierba sosa o berenjena guisante, hojas de lima kaffir...
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Pad Thai
Nos relajamos e intentamos dormir, pero nos afecta el jet lag y yo me despierto a la 1 a.m y la peque a las 3. Nos cuesta bastante volver a dormirla.
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Destino sudeste asiático

Las ganas de hacer un gran viaje rondaban mi cabeza desde hacía mucho. Hacía tiempo que no salíamos de Europa y me apetecía conocer algún destino lejano. Japón es un gran destino para ir con niños y bebés, pero ya habíamos estado. Corea del Sur también se nos pasó por la mente pero al final por temas laborales no pudimos y Canadá por temas de precio.

Cuando encontré la posibilidad de ir a Tailandia en un vuelo cómodo nocturno con una sola escala desde Santiago le di algunas vueltas pero me lancé ¡ahora o nunca! Y como mamá reciente ni se me pasaba por la cabeza dejarle a mi niña a nadie, todo lo contrario, se venía con nosotros aprovechando que hasta los 2 años no pagan billete aéreo.

Cuando los familiares y amigos se fueron enterando del destino algunos se asustaron un poco, aunque tampoco es que nos tildaran de locos ni mucho menos, confiaban en nosotros. Por supuesto yo había hecho mis investigaciones y sabía que Tailandia era un país muy seguro para ir con un bebé y sobre todo para iniciarse en el sudeste asiático y no me equivoqué, ¡fue un gran viaje!

Itinerario y vuelos internos

Una vez con comprados los billetes de ida y vuelta a Tailandia (¡qué subidón!), comenzamos a darle forma al itinerario. Teníamos un total de 18 días, de los cuales nos quedaban 11 días completos descontando los días que perdíamos en los vuelos intercontinentales y los desplazamientos internos que decidimos dejar libres por lo que pudiera surgir y para tener un poco de margen con el bebé. Así esos días nos servirían para recuperar entre visitas. Al final la ruta quedó así:

4 días completos en Bangkok: 3 días para visitar la ciudad y uno para ir hasta Ayuthaya, la antigua capital de Siam.
2 días y medio en Siem Reap (Camboya) para visitar los templos de Angkor
2 días completos en Chiang Mai
3 días completos en Ao Nang (Krabi)

Los vuelos internos los hicimos casi todos con Air Asia, una low cost bastante recomendable, del estilo de Ryanair pero con mejor trato. Otro trayecto lo hicimos con Bangkok Airways, que de largo fue la mejor, tanto en puntualidad como en atención y servicios en vuelo. Nos dieron pegatinas para entretener a la niña durante el vuelo, nos dieron de comer (y eso que el trayecto era de tan sólo hora y media) y los TCP's fueron atentísimos durante todo el vuelo.

El vuelo intercontinental lo hicimos con Lufthansa, que también fue genial. Nos pusieron una cunita para la peque y le regalaron un peluche avión que le gustó mucho y nos fue muy útil durante el viaje.
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La cunita que nos pusieron en el avión

Medicina preventiva: vacunas y consejos generales

Como un mes antes de ir de viaje pedimos cita en el departamento de medicina preventiva de nuestro hospital. Allí nos atendió un médico muy majo que nos pidió que le detalláramos nuestro recorrido. Después de oírlo nos aseguró que no íbamos a tener ningún problema porque tanto Tailandia como Siem Reap eran destinos muy turísticos, con buenas infraestructuras y atención sanitaria. De hecho, prácticamente nos vino a decir que aquello ya era demasiado turístico (y no le faltaba razón).

Nos dio 3 muy buenos consejos para nuestra estancia:
  • Agua: Beber agua embotellada y no tomar bebidas con hielo ni fruta que no hubiéramos pelado nosotros. En casi todos los hoteles te dejaban diaria y gratuitamente una botella de agua por persona y hay tiendas de conveniencia por todas partes. El agua embotellada, además, es barata, incluso en los mini-bares de los hoteles. Eso sí, no esperéis encontrarla mineral, en la mayoría de los sitios era agua de la traída purificada con ozono o sometida a algún otro tipo de tratamiento.
  • Mosquitos: Usar repelente de mosquitos en la zona norte, es decir, Chiang Mai. Es verdad que aquí como había más vegetación encontramos más mosquitos porque ni en Bangkok ni en Siem Reap encontramos prácticamente ninguno. Para más información ver el siguiente apartado.
  • Sol: Las principales consultas médicas de la gente al volver de esta zona del trópico son principalmente por quemaduras solares. Así que nos recomendó protección 50 especialmente en la zona de playas.
Por lo demás, sentido común y nada más.

Con respecto a las vacunas, nos señaló que no hay ninguna vacuna obligatoria, pero que se recomendaban dos, la de la Hepatitis A y la de la Fiebre Tifoidea. Como ni la niña (por ser menor de 3 años) ni yo (por estar todavía con lactancia materna) podíamos ponernos la de la fiebre tifoidea, nos pusieron tan sólo la de la Hepatitis A, avisándonos además de que tendríamos que poner un recuerdo 6 meses después.

Mosquitos

He de confesar que el tema de mosquitos nos traía un poco de cabeza, pero tras haber ido a medicina preventiva nos quedamos mucho más tranquilos. Allí nos explicaron que la malaria, el dengue e incluso el zika son raros allí, que hay brotes pero normalmente en las zonas más rurales. 

Hay que protegerse de los mosquitos principalmente durante la puesta y la salida del sol y por la noche. En principio no fue un problema porque nos recogíamos temprano y rara vez salimos por la noche ¡acabábamos agotados! Además al haber ido en temporada seca no vimos muchos mosquitos, salvo en Chiang Mai. En Bangkok y en Siem Reap no nos echamos nada y no tuvimos problema, en 
Chiang Mai sí hay más porque es más verde, así que aquí sí nos untábamos de repelente de día porque ya se veían a simple vista. En la zona de Krabi nos echábamos al amanecer y al anochecer.

Por otra parte, la mayoría de los repelentes estaban desaconsejados para niños de 3 años y madres lactantes. Nuestra solución fue usar repelentes con aceites naturales que compramos en la página de Planeta Huerto, que tienen productos ecológicos y bio. Después de investigar las diferentes opciones compramos un repelente para la ropa y otro para la piel de la marca Aries. El recuento de picaduras fue de 3 para cada padre y 0 para la niña así que muy bien.

Ropa

El tema ropa influye mucho tanto el sol como los mosquitos y las normas de decoro del país.

Para poder entrar en los sitios reales como el Palacio de Bangkok o el Palacio de Bubhing en Chiang Mai son muy estrictos con la vestimenta y no se permite pantalón corto, ni enseñar hombros, barriga ni escote. Tampoco transparencias, cubrirse con un chal, pantalones deshilachados...Pero por suerte por todas partes hay puestecillos para comprar un pantalón que cumpla por menos de 3€. En el resto de los templos la cosa se relaja un poco más y se permite pantalón que cubra hasta la rodilla. Yo me llevé 3 faldas largas y 1 pantalón finito y no tuve problema en ningún lado.

Por otro lado es muy recomendable llevar ropa floja y transpirable, preferentemente de algodón para no sudar demasiado. Olvidaos de cosas pegadas al cuerpo, no las vais a aguantar. Respecto al tema calzado y a no ser que se vaya a hacer algún trekking o algo muy específico valen unas sandalias. Mucha gente opta por tenis con calcetines, pero con el calor que hace y el calor que yo tengo en los pies lo descarté totalmente y estuve bien cómoda con mis dos pares de sandalias de verano.

También es muy recomendable unas gafas de sol y un sombrero, ya que en algunos sitios el sol es abrasador.
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Cartel en Bubhing Palace informando de los "proper outfits"

Equipaje con bebé

El sudeste asiático es un destino fantástico para iniciarse como mochilero, ya que no es necesario llevar gran cantidad de ropa y lavarla o comprarla allí es muy barato. Dicho esto, nosotros no somos nada de mochila y menos yendo con una niña, así que llevamos una maleta de mano y una maleta facturada tamaño mediano-grande. La mitad de la maleta facturada eran provisiones para el bebé: pañales, toallitas y algún snack que al final nos sobraron. Aunque es fácil encontrar pañales porque hay tiendas de conveniencia por todas partes, no queríamos perder tiempo y total, teníamos sitio de sobra. Lo que no se encuentra fácil son los típicos bañador-pañal desechables, así que es recomendable optar por llevar uno de neopreno (que además es más ecológico) o llevarlos de casa.

A mayores llevábamos un bolso mochila pequeño de mujer y una mochila pañalera. No tuvimos ningún problema con el tamaño del equipaje de mano ni de las mochilas en ninguno de los vuelos internos que cogimos, y eso que el tamaño de la maleta de mano excedía un poco el permitido por las aerolíneas.

Comidas y picante

La comida tanto en Camboya como en Tailandia nos pareció deliciosa, llena de sabores y con ingredientes totalmente exóticos, algunos de los cuales ni conocíamos: galanga, hierba sosa, hierba limón, hojas de lima kaffir, albahaca tailandesa, durian, papaya verde... Y sí, pican mucho, pero te acabas acostumbrando y dicen que el picante espanta a los mosquitos. Yo me aficioné al curry verde ¡es sabrosísimo! y de Camboya nos encantó el Fish Amok. Y qué decir de las frutas, nada que ver los mangos o los plátanos, con esa textura que se deshace en la boca y además ¡muy barata!
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Algunos ingredientes de la cocina local tailandesa

Sim local

Para poder disponer de datos compramos dos tarjetas SIM en Holafly. Una era de 8 días sólo para Tailandia y otra de 12 días multipaís porque era la mejor combinación posible. Fueron bastante caras, la verdad, aunque funcionaron bien y la ventaja fue que no tuvimos que andar mirando y comparando allí y el soporte era en español. También se pueden comprara en destino y son muchísimo más baratas.

Seguro

Para viajes internacionales no nos la jugamos y llevamos siempre un seguro. En esta ocasión, al ir con nuestra hija compramos uno bastante completo (y por tanto, más caro) en IATI. Fue la primera vez que tuvimos que tirar de seguro durante el viaje, y la respuesta fue razonablemente rápida y satisfactoria.

Visados

Por último, para el tema visados, la cosa es muy fácil.

En Tailandia no es necesario visado. Hay que cubrir un formulario de inmigración al llegar (si llegas por aire te lo reparten en el avión), te ponen un sellito al ingresar al país con la fecha máxima de estancia y tienes que guardar el resguardo del formulario que debes entregar a la salida del país, donde te volverán a sellar la salida. También te registrarán las huellas digitales de cada mano y una foto. Es totalmente gratuito todo el proceso.

En Camboya sí se exige visado para entrar al país, pero se hace al llegar (on-arrival). También hay que cubrir un formulario de inmigración (un poco más lioso que el de Tailandia), entregarlo en los mostradores de aduanas junto con el pasaporte y esperar a que te llamen para darte el pasaporte con el visado. El coste es de 30 dólares por persona y no hace falta nada más. Antiguamente era necesario una foto carnet pero hoy en día te hacen ellos una foto al llegar con una cámara y santas pascuas.
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Viaje nostálgico

Un sábado de octubre decidimos hacer un viaje nostálgico a Ourense con los padres de Mr. Knook, recordando algunos de los sitios donde pasaron sus primeros años antes de mudarse a Santiago. Hacía mucho que no regresaban a esta ciudad y les sorprendió muy gratamente lo bonito y cambiado que estaba todo. Ellos recordaban una ciudad más triste y gris y se encontraron con una ciudad muy animada y agradable.

Empezamos el recorrido por la Plaza Mayor, un amplio espacio rodeado de casas porticadas, típicas de la arquitectura gallega. Estos espacios permitían el paseo en los días de lluvia. Además, el suelo está levemente inclinado hacia el ayuntamiento, que cierra una de los extremos de la plaza. 
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Plaza Mayor
Paseamos entre las calles disfrutando del soleado día. Llegamos hasta la Plaza do Ferro, un cruce de caminos triangular con una conocida fuente.
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Plaza do Ferro
Las calles entre la Plaza do Ferro y la Plaza Mayor son las calles más populares de tapeo y estaban llenas de gente disfrutando del buen tiempo. Habíamos llegado prácticamente a la hora de comer, así que nosotros también aprovechamos para comer algo en uno de los pocos sitios donde encontramos sitio (Restaurante O Barallete: mi crítica en Tripadvisor aquí).
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Al terminar de comer nos acercamos hasta el Jardín del Posío y hasta la antigua casa donde vivió Mr. Knook, la guardería donde había ido su hermano los primeros años que aún seguía en pie y el colegio. Fue muy emocionante para mis suegros rememorar esos momentos pero ahora con una nieta :)
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Catedral de Ourense

Para rematar el día nos acercamos hasta la Catedral de Ourense, que en nuestra anterior visita no habíamos podido visitar. El exterior está encajonado entre los demás edificios, así que no resalta mucho, pero es un importante edificio medieval y religioso que, por desgracia, vive a la sombra de la más importante Catedral de Santiago.
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Exterior de la catedral (foto de nuestra anterior visita)
La entrada incluye una audioguía bastante extensa que va contando la historia de la construcción y desgranando el arte y la arquitectura que se pueden encontrar en su interior. Me llevé una gran sorpresa porque no me esperaba semejante interior ¡me dejó literalmente boquiabierta!. Si ya me parecieron chulas las capillas de los laterales y los curiosos tableros de juegos grabados en uno de los bancos laterales, cuando me topé con el Pórtico del Paraíso me emocioné.
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Tablero de juego grabado en uno de los bancos de piedra
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Otros tableros de juego
El Pórtico del Paraíso es un simplificación del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago hecha casi un siglo después que éste y que conserva todavía la policromía del siglo XVIII. La motivación era la misma que en el caso de la capital, instruir al pueblo y sobrecogerlo al dar la impresión de entrar en el reino de los cielos.

Está formado por tres arcos , uno en cada nave, y el central tiene un parteluz con la figura del Apóstol Santiago. La disposición de los profetas y apóstoles y los ancianos con sus instrumentos musicales tienen una clara inspiración en la obra del Maestro Mateo. Sólo nos falta el santo de los croques y alguna que otra escultura más.
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Algunos de los profetas, portando cartelas con su nombre (derecha)
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Algunos de los profetas, portando cartelas con su nombre (izquierda)

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Detalle de la decoración del tímpano central, con los 24 ancianos apocalípticos y los instrumentos
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Detalle del parteluz del arco central, con una estatua del Apóstol Santiago
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Nave central
Por si el Pórtico del Paraíso fuera todo, hubo otra cosa que me sorprendió muchísimo también: la Capilla del Santo Cristo. Se encuentra en un lateral de la catedral y se accede por una singular reja que no deja entrever la grandiosidad de la misma. Su profusa y lujosa ornamentación contrasta con la sobriedad del resto de las naves, y muestra la devoción de la imagen que aquí se guarda. Se trata de una talla del Santo Cristo con pelo y barba naturales, que la leyenda dice que encontraron unos marineros en Fisterra. En la capilla se pueden apreciar ricas pinturas, un baldaquino impresionante, retablos, tallas y un magnífico coro. Por desgracia no habíamos llevado cámaras de fotos, y las fotos con el móvil no permiten apreciar esta magnífica decoración.         
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Capilla del Santo Cristo, con la talla en el centro (con paño rojo)
Por último, y no menos importante, el Altar Mayor de la catedral guarda un bonito retablo gótico que muestra escenas de la vida de Jesús y la Virgen María.
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Retablo Mayor
Tras la visita a la catedral paseamos un poco más, pasamos por las Burgas, que ya las conocíamos, y nos quedamos con ganas de volver a explorar otro día más a fondo más rincones de esta agradable ciudad.
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Souto da Retorta

El último día en la Mariña lo dedicamos al medio ambiente. Esta zona tiene muchísimos lugares preciosos por descubrir en plena naturaleza. La primera visita fue al Monumento Natural Souto da Retorta, también conocido como Eucaliptal de Chavín. Es un espacio natural protegido en el que se pueden encontrar eucaliptos plantados a finales del siglo XIX y principios del XX que, por tanto, son de los ejemplares más antiguos del país.
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El eucalipto no es un árbol propio de Galicia, sino que fue importado por Fray Rosendo Salvado. Este clérigo regresó de su misión evangelizadora en Australia con semillas de esta planta, ahora tan típica del paisaje gallego. Aunque hay movimientos para erradicarlo, lo cierto es que es un árbol que proporciona gran rendimiento forestal, por eso se ha propagado tanto por la comunidad. En cualquier caso este eucaliptal es un espacio protegido debido a su valor histórico y sus especiales características.

El souto transcurre a orillas del río Landro. Toda la zona estaba en plenas fiestas do Naseiro, la más importante, conocida y seguida del lugar. En los alrededores vimos las típicas casetas de la Romaría do Bo Xantar y cientos de coches, pero a pesar de eso no encontramos demasiada gente en este paraje. El paseo fue muy agradable, apenas se oía nada que no fuera el río que pasaba al lado del camino o los pájaros en algún árbol.
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Recorrido entre eucaliptos
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De entre todos los eucaliptos sobresale uno en particular: el llamado el abuelo o o avó en gallego. Es el ejemplar más anciano de todos y por ello está incluido en el Catálogo gallego de árboles singulares. Debido a su enorme altura (67 metros) fue muy difícil encuadrarlo bien en la foto para inmortalizar toda su majestuosidad.
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O avó

Pozo da ferida

La siguiente visita fue también a orillas del río Landro. Es un sendero que termina en un salto de agua que se conoce como Pozo da Ferida. El camino es todo en pendiente hacia abajo hasta llegar allí, y había que tener cuidado de no resbalar con las hojas del suelo.
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Entrada al Pozo da Ferida
Yo iba con la niña a la espalda, y había zonas más fáciles que otras, pero en general no es una pista con gran dificultad. La peque hasta disfrutó el recorrido porque encontramos un montón de moras en los lados del camino. Las probó y le chiflaron.
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El primer tramo, entre zarzas y cogiendo moras
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La bajada a la cascada
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Naturaleza exhuberante
El recorrido termina a pie de la cascada de agua de 30 metros en vertical. Todo un deleite para los sentidos. El lugar transmitía paz y serenidad.
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La cascada
La mejor forma de apreciar la cascada es cruzar las rocas al otro lado del río. Aquí si tuve que esperar que Mr. Knook bajara (se había demorado cogiendo moras) para que me ayudara a cruzar. Tenía miedo de hacerlo yo sola con la niña a la espalda.
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Comimos en el hotel una espectacular mariscada y pusimos dirección casa. Pero antes paramos en Cervo para dar una vuelta de reconocimiento.
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Y ya en la carretera de vuelta nos desviamos hacia la Real Fábrica de Sargadelos. Era domingo y la fábrica estaba cerrada, pero la tienda y un pequeño museo-exposición se pueden visitar. Esta fábrica de cerámica está íntimamente relacionada con la historia y la idiosincracia de Galicia porque ¿quién no tiene un su casa algún detalle de Sargadelos?
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Entrada a la fábrica
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Se estableció en el siglo XIX de la mano de Antonio Raimundo Ibáñez, que se convirtió en Marqués de Sargadelos gracias a ello. El impulso definitivo llegó de la mano del pintor e intelectual Isaac Díaz Pardo. Por un lado fijó como colores característicos el azul y el marrón y por otro se inspiró para las esculturas, vajillas y demás piezas en figuras clave de la literatura y pintura gallegas. Además también se dedicaron otras piezas a figuras relevantes del resto de España.
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Algunas piezas del museo
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Piezas de uso cotidiano (tiradores de cerveza EStrella Galicia)
 

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Entrada a la fábrica
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Entrada a la fábrica
Así terminó nuestro corto viaje por estas bonitas tierras. Nos dejamos cosas en el tintero, así que no descartamos una visita para seguir maravillándonos con esta zona de la terriña.
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