Esposende día 2: Guimarães
Guimarães
Como el día tampoco se presentaba de playa lo dedicamos a visita cultural. Nos acercamos hasta Guimarães, la llamada cuna de Portugal porque aquí nació el primer rey, Afonso Henriques conocido como Alfonso I, en el siglo XII. Desde entonces el reino de Portugal y sus fronteras se han mantenido prácticamente intactas, por lo que se dice que es uno de los países más antiguos de Europa.
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| Características fachadas vimaranenses. |
Nosotros ya conocíamos la ciudad, que es encantadora, pero mis suegros no, así que los llevamos y volvieron encantados. No es para menos. Es una ciudad muy agradable y no tan turística (todavía), lo que se refleja también en los precios y en el ambiente tranquilo de la misma.
Después de dejar el coche en un parking muy moderno, muy céntrico y muy barato, nos fuimos a tomar unos cafés al Café Milenário, un histórico café que cuenta ya con 70 largos años y que se fundó en 1953, año en el que la ciudad cumplía 1000 aóños de su fundación (de ahí su nombre).
El día estaba gris, así que nos refugiamos aquí para entrar un poco en calor y ver si despejaba el día. Además disfrutamos de un buen café, muy asequible, a 0,8€ cuando los precios en España rondaban el doble, al menos en Galicia.
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| Café Milenario, unas horas después, ya con cielo despejado |
Largo do Toural
El centro histórico es Patrimonio de la Humanidad, pero las calles de los alrededores también tienen mucho encanto y hay mucho comercio muy interesante. En el Largo do Toural nos encontramos el famoso rótulo que nos recuerda que esta ciudad es la cuna de Portugal, las fachadas azulejadas y la Iglesia de San Pedro.
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| Fachadas del Largo do Toural |
Paço dos Duques de Bragança
La primera visita que hicimos fue el Paço dos Duques de Bragança, un palacio señorial del siglo XV construido por Don Afonso, primer duque de Bragança e hijo ilegítimo del rey João I. A la sazón, la Casa de Bragança, con el instaurada, terminará reinando en Portugal tres siglos después.
Su arquitectura es de estilo borgoñés, combinando elementos góticos y renacentistas, con torres almenadas, patios interiores y grandes ventanales. Aunque su forma actual se debe a una restauración que se hizo al convertirlo en palacio presidencial bajo la dictadura de Oliveira Salazar.
El Salón Noble exhible un bonito techo de madera, tapices y otros objetos de la época:
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| Claustro interior del Palacio |
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| Otras salas |
En la capilla destacan las vidrieras que presentan miembros de la Casa Bragança, así como figuras religiosas, además de la balaustrada del coro, las tribunas y los bancos hechos de madera de castaño.
Para comer acabamos en un vegetariano porque estaba justo enfrente (y las niñas morían de hambre a esas horas) y la verdad es que tenía un patio muy agradable y verde (Restaurante Cor de Tangerina: mi crítica en Tripadvisor aquí).
Castillo de Guimarães
El Castillo de Guimarães, también llamado Castillo de los Duques, se levantó en el siglo X como defensa contra los árabes. Fue el lugar de nacimiento de Alfonso I, y después tuvo aquí también su corte. Hasta el siglo XV aún tuvo cierta relevancia, pero poco a poco fue perdiendo importancia militar y estratégica. Aunque aún pueden verse resto de las torres, las murallas y las almenas hay muchas otras zonas destruidas. A pesar de ello - o por ello- a los niños les encanta porque puedes subirte a muchos sitios y a muchas piedras y sentirte un poco explorador.
Está rodeado de un pequeño parque, y en el se encuentra la Iglesia de São Miguel do Castelo, una pequeña iglesia románica donde, según se dice, fue bautizado Dom Afonso Henriques, o séase, Afonso I, el primer rey de Portugal.
Centro histórico
Ahora sí, nos fuimos a visitar el centro histórico patrimonio de la humanidad. El día, además, había clareado, aunque seguía haciendo algo de fresco. Las calles empedradas y las fachadas son muy características, con grandes ventanales y valcoles y fachadas blancas o azulejadas en colores vivos. Aquí el plan fue perderse y disfrutar hasta que nos dio la hora de volver dirección Apúlia.
Vuelta a Apúlia
De vuelta en Apúlia pudimos disfrutar de la puesta de sol y de una estupenda cena (Restaurante 1000 Fronteiras).


























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