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Desayuno oriental

¡Nuestro primera amanecer en Bangkok! Amanecía muy pronto, a las 5 la claridad ya era total y nosotros estábamos deseando explorar la ciudad, así que a primera hora ya estábamos desayunando. Por supuesto nos lanzamos al desayuno oriental, probando currys, arroces y alguna sopa. Estaba todo delicioso salvo la sopa. Y es que tuvimos la "suerte" de probar la Kaeng tai pla, una sopa hecha con salsa de víscera de pescado fermentadas que huele muy mal. De sabor no estaba tan mal, pero ni Mr. Knook ni yo pudimos con ella debido a su nauseabundo olor a cloaca. Es un olor muy característico de Bangkok. En los días siguientes no sabíamos si en ciertos momentos lo que olía eran las alcantarillas o la sopa de algún puesto callejero...
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Chao Phraya Express

Para nuestra primera toma de contacto con la ciudad decidimos usar el Chao Phraya Express Boat. Para llegar hasta la parada tuvimos que volver al BTS Skytrain, que a esas horas de la mañana estaba muy vacío, nada que ver con la experiencia del día anterior. Nos bajamos en Sapha Taksim para coger el barco.
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El Chao Phraya Express Boat es básicamente un autobús acuático. Tiene varias líneas cada una con una bandera de un color diferente que operan en distintos días, en teoría. En la práctica nosotros siempre nos encontramos con el barco de bandera naranja incluso el día que ponía que no había servicio. En algunas estaciones puedes pagar el billete en tierra, ya que cuentan con una persona para ello, pero en otras hay que comprarlo a bordo. El precio es muy, muy barato.
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Una vez dentro tan sólo hay que sentarse y disfrutar el recorrido hasta la parada de interés. Según íbamos subiendo hacia las zonas más turísticas el barco se iba llenando. Lo primero que nos llamó la atención fue el color del río Chao Phraya, turbio y marrón, muy contaminado. El río divide Bangkok en dos orillas, la mayoría de las atracciones turísticas se encuentran en la orilla este. El nombre del río significa "río de los reyes" y es un importante eje de transporte y de riego. Muchos hoteles cuentan con su propio barco y parada a disposición de sus clientes, y muchas casas se encuentran justo al borde del río.
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Parada y bote del hotel Royal Orchid Sheraton
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Casa a pie de río

Hay que estar atento a las paradas para bajarse. Si hay mucha gente a veces las cantan, pero otras veces no. El atraque y desatraque son rapidísimos y hay que estar atentos porque entre que dudas y te levantas nosotros casi nos saltamos la nuestra.

Gran Palacio Real

Nos bajamos en el muelle de Tha Chang, un nombre de lo más sonoro para empezar pero que en realidad significa embarcadero del elefante. El Gran Palacio Real se divisa desde el agua a medida que te vas acercando.
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El palacio es sin duda la atracción principal de Bangkok, y eso se nota en la afluencia de turistas. Eran las 10 de la mañana e imposible moverse. Estaba todo lleno de grupos de chinos que te arrastraban y te impedían apreciar de nada. Fue una visita bastante agobiante, unido al calor y la humedad. Era prácticamente imposible encontrar una sombra y nos costó mucho disfrutar de la visita y reprimir las ganas de salir corriendo. Pero ya que estábamos allí intentamos aprovechar como pudimos. [Tip: lo mejor es intentar ir temprano para evitar las hordas de gente, preferiblemente a las 8, la hora de apertura]

El Gran Palacio Real sirvió de residencia oficial a los monarcas tailandeses desde el siglo XVIII hasta medidados del siglo XX. Después del ataque a la antigua capital de Ayutthaya, el nuevo rey de la nueva dinastía decidió trasladar la capital a lo que ahora es Bangkok y comenzar la construcción del templo y el palacio. Se trata de un complejo enorme de edificios rodeados por una gran muralla y cuya entrada está fuertemente controlada a nivel de seguridad. Para entrar al palacio hay un código de vestimenta muy estricto que ya explicamos aquí. Básicamente es imprescindible cubrirse hombros, piernas, rodillas, escote, barriga y están prohibidas transparencias, fulares, etc.

Primero se accede al Wat Phra Kaeo o Templo del Buda Esmeralda, y después al palacio interior.

Wat Phra Kaeo (Templo del Buda Esmeralda)

El Wat Phra Kaeo o Templo del Buda Esmeralda es el templo más sagrado de Tailandia, de ahí la gran afluencia de visitantes. Se contruyó a finales del siglo XVIII para albergar al Buda Esmeralda, una representación de Buda en jade que a lo largo de la historia ha pasado por diferentes países.

Los wat o templos siguen casi todos una estructura similar: las formas arquitectónicas, la suntuosa decoración, los demonios (yaksha)  que guardan el templo, los chedis o estupas que guardan reliquias de Buda, el bot o edificio principal que es el salón de ordenaciones donde se alberga la imagen de buda y tienen lugar los ritos y el wihan o salón de actos que pueden ser varios. Además suele haber una zona de viviendas de monjes, si bien el Templo del Buda Esmeralda carece de ellas.

Rodeando todo el recinto se encuentran la Galería Ramakien que a lo largo de 178 paneles narra la leyenda del rey Rama. Los paneles cubren toda la muralla que rodea el recinto, y aunque es imposible verla en su totalidad vale mucho la pena fijarse en los minuciosos y dorados dibujos que nos muestran dioses y demonios, montañas, edificios, guerras...
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Galería Ramakien
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Detalle de uno de los paneles
Los yakshas guardan todas las puertas del templo. Están mirando hacia la capilla protegiendo así a Buda de los malos espíritus. En total hay 6 de estos demonios, y cada uno representa un personaje de la historia Ramakian.
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Demonios (buenos) que guardan el templo
El chedi dorado de este templo es de estilo ceilandés, y acoge como reliquia de Buda un trozo de su esternón.
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La estupa o chedi
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Panteón real (izquierda) y biblioteca que acoge textos sagrados (derecha)
El Panteón Real es una mezcla de arquitectura thai y jhmer (originaria de Camboya, que llegó a estar bajo dominación siamesa). Al principio se construyó para albergar la estatua de Buda, pero era demasiado pequeño. Hoy en día acoge estatuas de los antiguos reyes tailandeses.
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Panteón Real

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Detalle de la decoración ramakien en el chedi de la terraza superior

Estábamos fascinados y agobiados a la vez, porque no paraba de llegar y llegar gente. A muchas chinas les hacía gracia nuestro bebé occidental, y la hacían fotos sin ningún pudor y sin permiso. Alguna incluso intentó cogerla sin preguntar para hacerse una foto con ella, así que al final nuestra pobre hija acabó un poco traumatizada por la experiencia. Esta situación se repitió todo el viaje, pero aquí fue exagerado.

Por fin alcanzamos el edificio principal que acoge la estatua del Buda Esmeralda. Para poder entrar hay que descalzarse. Los zapatos se pueden dejar fuera (normalmente hay unas estanterías para ello) o bien meterlos en unas bolsas y acceder con ellos. Había muchísima gente así que poco pudimos ver de la estatua, que es bastante pequeña (66 cm). Cuesta fijarse en ella no sólo por lo pequeña que es, sino también porque el interior está tan ricamente decorado que no sabes en qué fijarte. Dentro no nos dejaron hacer fotos.
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El bot o edificio principal, que guarda la estatua del Buda Esmeralda
Justo delante del bot había un sitio donde se hacían ofrendas con incienso, flores y frutas.
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Ofrendas I
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Ofrendas II

Palacio interior

Abandonamos el recinto del tiempo siguiendo las pocas indicaciones que encontramos y fuimos a parar al Palacio interior. Aquí también encontramos diversos edificios cada uno con una función diferente. El edificio principal, por ser el más grande, fue el que sirvió como residencia real. Se construyó en una mezcla de estilo europeo (la parte de abajo) y tailandés (el tejado).
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La residencia real (izquierda)
Cerca, un pequeño pabellón destaca por su marcado estilo tailandés. Era usado entre otras cosas como plataforma de montaje en el palanquín real o para el cambio de atuendo del rey.
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El Salón del Trono Dusit es otro edificio más pequeño, totalmente en estilo tailandés y rematado por una aguja. Guarda el trono de Rama I, de teca y nacar. Aquí se conmemora anualmente el día de la Coronación.
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Salón del Trono Dusit
En cuanto salimos del entorno del palacio nos compramos un coco bien fresquito para refrescarnos ¡estábamos empapados de sudor! Pero por fin pudimos probar in situ uno de esos cocos que era tan rico como nos habíamos imaginado y que vienen super bien para reponer electrolitos.
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Wat Pho (Templo del Buda Reclinado)

El Wat Pho o Templo del Buda Reclinado está muy cerca del Palacio Real y fue uno de los sitios que más nos gustó de Bangkok. Es el templo más antiguo y más grande de la ciudad. Es un recinto enorme, que está dividido en dos zonas: la sagrada de los templos y la residencial donde se hayan las viviendas de los monjes.

Se accede por la zona residencial. Nada más comprar la entrada te encuentras con el pabellón que guarda la colosal estatua del Buda Reclinado, así, sin más preámbulos.
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Las representación de Buda se hace de diferentes maneras, pero las más repetidas son: sentado meditando, de pie bendiciendo o acostado una vez alcanza el nirvana como en este caso. La estatua es muy larga (46 metros) y está practicamente incrustada en el pabellón de forma milimétrica, así que es complicado formarse una perspectiva o incluso hacer alguna foto que capture la sensación.

Primero ves la cabeza, que transmite sensación de paz y tranquilidad. Según te vas alejando de la entrada vislumbras el resto del cuerpo, hasta llegar a los magníficos pies de madreperla (nácar) con 108 símbolos relativos, entre otros, a la fortuna y prosperidad, pero también a cosmología religiosa, atributos reales, etc.
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Alrededor del recinto hay vasijas para dejar ofrendas para los monjes del templo. La gente cambiaba monedas e iban echando en cada vasija una moneda.
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Fila de gente dejando las ofrendas en las vasijas
 Después se accede a otro recinto distinto, el más sagrado. Como en el Palacio Real aquí también había guardianes en las puertas, con grandes narices y barbas, que guardan el complejo.
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El bot guarda una imagen de bronce de Buda meditando salvada de Ayuthaya por el hermano de Rama I. Algunas de las cenizas del propio rey se encuentran en la base de la estatua.
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Rodeando esta capilla principal hay un claustro doble, decorado con estatuas de budas de distintos estilos y en diferentes posiciones, todas recubiertas de pan de oro. Y en cada punto cardinal del bot hay un wiham que cruza el claustro.
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Estatuas de buda decorando el claustro interior
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Decoración del claustro exterior
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Uno de los wihams que cruza el claustro  
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Decoración tradicional
Pero sin duda una de las partes que más llama la atención en este templo son los 4 enormes chedis decorados con mosaicos. Miden 42 metros cada uno y están dedicados a los 4 primeros reyes de la dinastía Chikri, la actual casa gobernante en el país. Esta dinastía lleva reinando ininterrumpidamente desde finales del siglo XVIII, cuando la capital se estableció en Bangkok.
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Los cuatro chedis del templo
Aunque a primera vista puedan parecer iguales la decoración de cada uno es diferente, tanto en el motivo como en los colores:
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Detalle de la decoración floral de uno de los chedis
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Chedi con tonos azules
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Chedi  con tonos verdes
El Wat Pho nos maravilló, y hubiéramos estado mucho más tiempo si no fuera porque ya empezábamos a tener hambre y a estar agotados. El sol pegaba con mucha fuerza y necesitábamos parar y refrescarnos un rato. Literalmente entramos en el primer sitio que tenía buena pinta y aire acondicionado, que nos revivió bastante (Goodjob Tha Tian: mi crítica en Tripadvisor aquí). Volvimos a pedir el pad thai, el plato nacional, para comparar con el del día anterior. Aquí estaba muchísmo más rico.
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Pollo con arroz
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Pad thai: pollo con fideos de arroz, brotes de soja, tofu y cacahuetes, entre otros. 
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Saquitos de queso

Wat Arun

Nuestra última visita del día se encontraba en la otra orilla del río Chao Praya, para cruzar el río cogimos el ferry que une las dos orillas y que tiene un precio irrisorio (4 bath, aproximadamente 0,12€). El trayecto es de apenas 5 minutos. Desde el barco ya se tiene una impresionante perspectiva del templo, que ya sabíamos que nos iba a encantar nada más verlo.
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Muelle del ferry a Wat Arun
El Wat Arun o Templo del Amanecer es un templo dedicado al dios Aruna, el dios del amanecer. Su estilo arquitectónico es único en Tailandia. Se trata de arquitectura jemer (khmer), caracerística de Camboya, ya que durante cierto tiempo estuvieron bajo el mismo imperio.
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El Wat Arun desde la otra orilla del río
 Al igual que en el Wat Pho aquí también podemos encontrar dos recintos diferenciados. Por una parte la zona de los wihams y el bot, con guardianes flanqueando las puertas.
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Guardianes
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Bot o salón de ordenaciones
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Detalle de la decoración del bot
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Interior del bot
Y por otra el recinto central de los prangs, que simboliza la mitología hindú. El gran prang central es el Monte Meru, donde viven los dioses. Todos los prang están ricamente decorados con piezas de porcelana rotas. Las escaleras para llegar al prang central son muy empinadas, simbolizando las dificultades para alcanzar niveles superiores de existencia.
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Vista de la terraza superior con las escaleras
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Detalle de la decoración del prang central
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Decoración en porcelana rota
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Decoración del prang central
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Prang central, las escaleras sólo suben hasta la mitad.
Rodeando el prang central hay 4 prangs más pequeños, en cada una de las cuatro esquinas. Su distribución tiene la forma simbólica del universo hindú, los mandalas.
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Prang secundario

Rascacielos de Bangkok

Volvimos a coger el Chao Phraya Express para volver a Sapha Taksim. Mientras bajábamos el río fuimos observando con más calma los rascacielos y edificios más emblemáticos que se encontraban en las orillas del río.
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Vistas desde el Chao Praya
Algunos de los edificios más icónicos se ven sólo a lo lejos, como el edificio de apariencia pixelada King Power MahaNakhon, el edificio más alto de Tailandia hasta 2018, año en que se construyeron las Magnolias Waterfront Residences.
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La King Power en el medio atrás y las Magnolia Waterfro Residence a la derecha de todo.
Según vamos bajando el río empezamos a distiguir los edificios más individualmente. Uno de los primeros edificios que llama la atención es el condomino Bangkok River Park, un edificio residencial de 36 plantas de altura. Es, además, uno de los más "antiguos" ya que data de 1994.
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Bangkok River Park
La CAT Tower es la sede de CAT Telecom, la compañía tailandesa que maneja las conexiones por satélite y cable, entre otros.
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Cat Tower
 El edificio del hotel Mandarin Oriental no llama la atención, pero este es uno de los mejores (y más caros) hoteles del mundo. Se construyó en el siglo XIX, siendo uno de los primeros hoteles de la ciudad. Tiene más de 300 habitaciones y 60 suites y aquí se han alojado huéspedes de renombre como la actriz Liz Taylor o el escritor Joseph Conrad.
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El hotel Mandarin Oriental
La State Tower es el tercer edificio más alto de Bangkok, con 247 metros y 68 plantas. Destaca su cúpula dorada y sus balcones redondos. Tiene un uso mixto, tanto residencial como oficinas y comercios.
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State Tower
Otro condominio, The River, es relativamente reciente, del año 2011. La torre más alta tiene 258 metros de altura y son casi exclusivamente edificios de lujo para comprar o alquilar.
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The River
El hotel Península es otro de los edificios que llaman la atención por su forma en W para que todas las habitaciones puedan tener una vista del río. El hotel es uno de los más lujosos de Bangkok.
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El hotel Peninsula
Volvimos a la parada del hotel y decidimos ojear uno de los centros comerciales que quedan al lado, para buscar algo de cenar. Pero nos confundimos y entramos en un centro comercial que era única y exclusivamente de material de golf, el Thaniya Plaza. Después de dar algunas vueltas encontramos el Silom Complex pero nos empezamos a agobiar entre el hambre, la gente, el cansancio y la niña, así que terminamos en el hotel pidiendo al servicio de habitaciones un par de currys con arroz. Había sido un primer día muy intenso.

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Volando con Lufthansa

 ¿Quién dijo miedo? Estábamos a punto de embarcarnos en un vuelo de unas 10 horas con una peque de 19 meses con una escala en Frankfurt. Yo tenía mucha fe en que las cosas salieran bien, al fin y al cabo este iba a ser su vuelo nº 11, así que ya teníamos cierta experiencia en vuelos cortos. En el vuelo a Frankfurt nos regalaron un peluche de un avión que le hizo mucha gracia y que nos vino muy bien para algunos tiempos muertos, distracciones...La chica de facturación en Santiago se sorprendió de que nos fuésemos a Bangkok con un bebé ¡y sin carrito!. Pero para nosotros el carrito es más un incordio y con la mochila de porteo vamos a todos los lados.
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Familia a punto de empezar su viaje al sudeste asiático (y la peque enganchada a la teta ¡cómo no!)
Nuestra idea inicial era haber hecho una visita a Frankfurt, pero las temperaturas eran tan bajas que desistimos. Habíamos decidimos no llevar abrigo porque no lo íbamos a necesitar, y no somos tan valientes como para afrontar temperaturas de 6ºC a cuerpo gentil (que pena que no hubiera un sitio donde alquilar ropa o algo, idea de negocio jajajaja). Por ello, al final tuvimos una escala bastante larga en el aeropuerto de Frankfurt pero que pasamos bastante entretenidos porque es un aeropuerto enorme y muy moderno. Aprovechamos para comer (Restaurante Coa: mi crítica en Tripadvisor aquí), visitar tiendas, jugar con la peque en uno de sus parques...
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A las diez de la noche embarcábamos en el inmenso A380, el avión de pasajeros más grande del mundo que ya habíamos visto cargar toda la tarde desde la ventana de la sala de espera. Es una vión de dos pisos, con tres fingers y camiones de catering por todas partes para suplir a un vuelo tan largo. Como íbamos con la pitusa embarcamos de primeros, lo que es un puntazo porque tienes mucho tiempo para acomodarte tranquilamente.
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Viendo cargar el avión
La tripulación nos ofreció una cunita para la niña, cosa que me sorprendió porque yo la quise reservar pero había leído que era para menores de 18 meses. Por lo que veo la edad es aproximada porque no me preguntaron nada, y supongo que mientras quepa de talla no hay problema. Durante el despegue y el aterrizaje la retiran, pero resulta muy cómoda aunque sea sólo para tener un lugar donde jugar con ella. Como ya conocemos a nuestra hija no nos sorprendió que apenas durmiera, despertaba de vez en cuando y había que cogerla, volverla a dormir, volverla a poner en la cuna, etc. La cuna viene con una pequeña almohada y una mantita, igual que las que reparten al resto de pasajeros.
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Con la cunita montada
Tras despegar ya sabéis que hacen un poco de tiempo hasta darte la cena. Primero repartieron unas toallitas calientes, después unos snacks y, por último, la cena que fue bastante mala e insípida. Cenamos casi a medianoche, cuando lo que de verdad querríamos fue haber aprovechado más el tiempo para dormir.
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Lasaña, ensalada y pastelito.
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Arroz con pollo...o algo así (estaba malísimo)
Tras la cena intentamos dormir, aunque se hace difícil con tanta luz. Estábamos cerca de uno de los baños y aunque pusieron la cortinilla cada vez que alguien pasaba se notaba. Además los asientos terminan siendo muy incómodos porque ya no sabes como ponerte, creo que probé todas las posturas posibles, y eso añadiendo vigilar a la niña, calmarla, volver a dormirla...

Al igual que cuando fuimos a Japón, el avión también disponía de una zona de autoservicio con aguas, snacks, zumos...


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Snack salados que se ofrecían durante todo el vuelo
A las 7 de la mañana ya repartieron el desayuno, así que de las diez horas de vuelo podemos decir que pasamos 5-6 intentando dormir y el resto comiendo o haciendo tiempo para la comida. El desayuno fue otra gran decepción porque era muy malo, yo sólo fui capaz de comer el yogur, aún sabiendo que llevaba kilos de azúcar :(
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Por la ventana ya se iba viendo cómo había cambiado el paisaje. Volamos por encima de la India y de Myanmar.
Vistas de Myanmair y Tailandia desde el aire

Visado y entrada al país

Poco antes de aterrizar nos repartieron los formularios de entrada al país donde te piden tus datos personales, nº de vuelo, duración de la estancia, propósito de la misma, etc.
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Formulario de entrada al país
Al llegar tuvimos que ir a pasar el control de pasaporte solamente, porque no es necesario ningún visado de entrada al país para turistas españoles. Además todo el personal fue muy amable y nos dieron prioridad de paso por ir con un bebé, cosa que agradecimos infinitamente porque las colas eran bastante largas. No en vano el aeropuerto de Suvarnabhumi (BKK) es el más importante de Tailandia y es un aeropuerto enorme.

En el control de pasaporte te hacen una foto, te registran las huellas y te dan un resguardo del formulario de entrada que debes entregar al abandonar el país.

Una vez en la terminal de llegadas del aeropuerto sacamos dinero en un cajero automático, y ¡nos olvidamos la tarjeta dentro!. El problema fue que al contrario que los cajeros en España el orden de entrega no es primero tarjeta, luego dinero y por último recibo, sino que nos dio el dinero primero y Mr. Knook se pensó que ya había cogido la tarjeta. No nos dimos cuenta hasta llegar al hotel. Por suerte fue sencillo bloquearla a través de la app del banco y cancelarla al volver a España (a través de la app no nos funcionó bien la opción de cancelarla y nos daba la opción de llamar por teléfono, pero no teníamos SIM para ello).

También aprovechamos para cambiar la SIM del teléfono por una local.

Desplazamiento al hotel

Para llegar hasta el hotel utilizamos el transporte público. Cogimos el Airport Rail Link, un tren que conecta el aeropuerto con la ciudad y que tardó una hora aproximadamente en dejarnos en la estación de Paya Thai. Desde Paya Thai cambiamos al tren elevado o BTS Skytrain. Para comprar los tickets tienen máquinas pero la mayoría de ellas tan sólo admite monedas. Se pueden comprar también en las taquillas pero tienen el mismo problema, así que es fundamental llevar efectivo. Hay algunas máquinas que admiten billetes pero no en todas las estaciones. El billete se paga en función de la distancia que vayas a recorrer.

Nosotros tuvimos que hacer un transbordo hasta llegar al hotel y alucinamos con la cantidad de gente, el calor y la humedad (34ºC y casi 100% de humedad).
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Al llegar a la estación de destino aún tuvimos que hacer otros 10 minutos más andando, que con la maleta y las ganas de relajarnos se nos hicieron eternos. Además nos chocó muchísimo ver el mal estado de las aceras (si es que las había), la poca preferencia de los peatones sobre los coches (casi no había pasos de cebra), los cables colgando por las calles, la contaminación...

Casi 4 horas después de aterrizar por fin llegábamos al hotel y pudimos relajarnos (Hotel Siri Sathorn: mi crítica en Tripadvisor aquí). Ya se había hecho de noche (anochecía a las 5 de la tarde) y no teníamos fuerzas para mucho. La peque estaba pasada de rosca total, entre lo poco que había dormido, el cambio horario, etc. Nos duchamos y bajamos a cenar al restaurante del hotel, ya que nos habían invitado a un pad thai (mini, pero algo es algo) y lo completamos pidiendo un curry verde al que me volví adicta desde ese día. El primer bocado me supo picante y super fuerte, pero después me acostumbré enseguida al sabor y me encantó. Ese fue nuestro primer contacto con los sabores típicos tailandeses que son tan difíciles de encontrar en nuestra parte del mundo: galanga, hierba sosa o berenjena guisante, hojas de lima kaffir...
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Pad Thai
Nos relajamos e intentamos dormir, pero nos afecta el jet lag y yo me despierto a la 1 a.m y la peque a las 3. Nos cuesta bastante volver a dormirla.
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Destino sudeste asiático

Las ganas de hacer un gran viaje rondaban mi cabeza desde hacía mucho. Hacía tiempo que no salíamos de Europa y me apetecía conocer algún destino lejano. Japón es un gran destino para ir con niños y bebés, pero ya habíamos estado. Corea del Sur también se nos pasó por la mente pero al final por temas laborales no pudimos y Canadá por temas de precio.

Cuando encontré la posibilidad de ir a Tailandia en un vuelo cómodo nocturno con una sola escala desde Santiago le di algunas vueltas pero me lancé ¡ahora o nunca! Y como mamá reciente ni se me pasaba por la cabeza dejarle a mi niña a nadie, todo lo contrario, se venía con nosotros aprovechando que hasta los 2 años no pagan billete aéreo.

Cuando los familiares y amigos se fueron enterando del destino algunos se asustaron un poco, aunque tampoco es que nos tildaran de locos ni mucho menos, confiaban en nosotros. Por supuesto yo había hecho mis investigaciones y sabía que Tailandia era un país muy seguro para ir con un bebé y sobre todo para iniciarse en el sudeste asiático y no me equivoqué, ¡fue un gran viaje!

Itinerario y vuelos internos

Una vez con comprados los billetes de ida y vuelta a Tailandia (¡qué subidón!), comenzamos a darle forma al itinerario. Teníamos un total de 18 días, de los cuales nos quedaban 11 días completos descontando los días que perdíamos en los vuelos intercontinentales y los desplazamientos internos que decidimos dejar libres por lo que pudiera surgir y para tener un poco de margen con el bebé. Así esos días nos servirían para recuperar entre visitas. Al final la ruta quedó así:

4 días completos en Bangkok: 3 días para visitar la ciudad y uno para ir hasta Ayuthaya, la antigua capital de Siam.
2 días y medio en Siem Reap (Camboya) para visitar los templos de Angkor
2 días completos en Chiang Mai
3 días completos en Ao Nang (Krabi)

Los vuelos internos los hicimos casi todos con Air Asia, una low cost bastante recomendable, del estilo de Ryanair pero con mejor trato. Otro trayecto lo hicimos con Bangkok Airways, que de largo fue la mejor, tanto en puntualidad como en atención y servicios en vuelo. Nos dieron pegatinas para entretener a la niña durante el vuelo, nos dieron de comer (y eso que el trayecto era de tan sólo hora y media) y los TCP's fueron atentísimos durante todo el vuelo.

El vuelo intercontinental lo hicimos con Lufthansa, que también fue genial. Nos pusieron una cunita para la peque y le regalaron un peluche avión que le gustó mucho y nos fue muy útil durante el viaje.
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La cunita que nos pusieron en el avión

Medicina preventiva: vacunas y consejos generales

Como un mes antes de ir de viaje pedimos cita en el departamento de medicina preventiva de nuestro hospital. Allí nos atendió un médico muy majo que nos pidió que le detalláramos nuestro recorrido. Después de oírlo nos aseguró que no íbamos a tener ningún problema porque tanto Tailandia como Siem Reap eran destinos muy turísticos, con buenas infraestructuras y atención sanitaria. De hecho, prácticamente nos vino a decir que aquello ya era demasiado turístico (y no le faltaba razón).

Nos dio 3 muy buenos consejos para nuestra estancia:
  • Agua: Beber agua embotellada y no tomar bebidas con hielo ni fruta que no hubiéramos pelado nosotros. En casi todos los hoteles te dejaban diaria y gratuitamente una botella de agua por persona y hay tiendas de conveniencia por todas partes. El agua embotellada, además, es barata, incluso en los mini-bares de los hoteles. Eso sí, no esperéis encontrarla mineral, en la mayoría de los sitios era agua de la traída purificada con ozono o sometida a algún otro tipo de tratamiento.
  • Mosquitos: Usar repelente de mosquitos en la zona norte, es decir, Chiang Mai. Es verdad que aquí como había más vegetación encontramos más mosquitos porque ni en Bangkok ni en Siem Reap encontramos prácticamente ninguno. Para más información ver el siguiente apartado.
  • Sol: Las principales consultas médicas de la gente al volver de esta zona del trópico son principalmente por quemaduras solares. Así que nos recomendó protección 50 especialmente en la zona de playas.
Por lo demás, sentido común y nada más.

Con respecto a las vacunas, nos señaló que no hay ninguna vacuna obligatoria, pero que se recomendaban dos, la de la Hepatitis A y la de la Fiebre Tifoidea. Como ni la niña (por ser menor de 3 años) ni yo (por estar todavía con lactancia materna) podíamos ponernos la de la fiebre tifoidea, nos pusieron tan sólo la de la Hepatitis A, avisándonos además de que tendríamos que poner un recuerdo 6 meses después.

Mosquitos

He de confesar que el tema de mosquitos nos traía un poco de cabeza, pero tras haber ido a medicina preventiva nos quedamos mucho más tranquilos. Allí nos explicaron que la malaria, el dengue e incluso el zika son raros allí, que hay brotes pero normalmente en las zonas más rurales. 

Hay que protegerse de los mosquitos principalmente durante la puesta y la salida del sol y por la noche. En principio no fue un problema porque nos recogíamos temprano y rara vez salimos por la noche ¡acabábamos agotados! Además al haber ido en temporada seca no vimos muchos mosquitos, salvo en Chiang Mai. En Bangkok y en Siem Reap no nos echamos nada y no tuvimos problema, en 
Chiang Mai sí hay más porque es más verde, así que aquí sí nos untábamos de repelente de día porque ya se veían a simple vista. En la zona de Krabi nos echábamos al amanecer y al anochecer.

Por otra parte, la mayoría de los repelentes estaban desaconsejados para niños de 3 años y madres lactantes. Nuestra solución fue usar repelentes con aceites naturales que compramos en la página de Planeta Huerto, que tienen productos ecológicos y bio. Después de investigar las diferentes opciones compramos un repelente para la ropa y otro para la piel de la marca Aries. El recuento de picaduras fue de 3 para cada padre y 0 para la niña así que muy bien.

Ropa

El tema ropa influye mucho tanto el sol como los mosquitos y las normas de decoro del país.

Para poder entrar en los sitios reales como el Palacio de Bangkok o el Palacio de Bubhing en Chiang Mai son muy estrictos con la vestimenta y no se permite pantalón corto, ni enseñar hombros, barriga ni escote. Tampoco transparencias, cubrirse con un chal, pantalones deshilachados...Pero por suerte por todas partes hay puestecillos para comprar un pantalón que cumpla por menos de 3€. En el resto de los templos la cosa se relaja un poco más y se permite pantalón que cubra hasta la rodilla. Yo me llevé 3 faldas largas y 1 pantalón finito y no tuve problema en ningún lado.

Por otro lado es muy recomendable llevar ropa floja y transpirable, preferentemente de algodón para no sudar demasiado. Olvidaos de cosas pegadas al cuerpo, no las vais a aguantar. Respecto al tema calzado y a no ser que se vaya a hacer algún trekking o algo muy específico valen unas sandalias. Mucha gente opta por tenis con calcetines, pero con el calor que hace y el calor que yo tengo en los pies lo descarté totalmente y estuve bien cómoda con mis dos pares de sandalias de verano.

También es muy recomendable unas gafas de sol y un sombrero, ya que en algunos sitios el sol es abrasador.
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Cartel en Bubhing Palace informando de los "proper outfits"

Equipaje con bebé

El sudeste asiático es un destino fantástico para iniciarse como mochilero, ya que no es necesario llevar gran cantidad de ropa y lavarla o comprarla allí es muy barato. Dicho esto, nosotros no somos nada de mochila y menos yendo con una niña, así que llevamos una maleta de mano y una maleta facturada tamaño mediano-grande. La mitad de la maleta facturada eran provisiones para el bebé: pañales, toallitas y algún snack que al final nos sobraron. Aunque es fácil encontrar pañales porque hay tiendas de conveniencia por todas partes, no queríamos perder tiempo y total, teníamos sitio de sobra. Lo que no se encuentra fácil son los típicos bañador-pañal desechables, así que es recomendable optar por llevar uno de neopreno (que además es más ecológico) o llevarlos de casa.

A mayores llevábamos un bolso mochila pequeño de mujer y una mochila pañalera. No tuvimos ningún problema con el tamaño del equipaje de mano ni de las mochilas en ninguno de los vuelos internos que cogimos, y eso que el tamaño de la maleta de mano excedía un poco el permitido por las aerolíneas.

Comidas y picante

La comida tanto en Camboya como en Tailandia nos pareció deliciosa, llena de sabores y con ingredientes totalmente exóticos, algunos de los cuales ni conocíamos: galanga, hierba sosa, hierba limón, hojas de lima kaffir, albahaca tailandesa, durian, papaya verde... Y sí, pican mucho, pero te acabas acostumbrando y dicen que el picante espanta a los mosquitos. Yo me aficioné al curry verde ¡es sabrosísimo! y de Camboya nos encantó el Fish Amok. Y qué decir de las frutas, nada que ver los mangos o los plátanos, con esa textura que se deshace en la boca y además ¡muy barata!
Sin título
Algunos ingredientes de la cocina local tailandesa

Sim local

Para poder disponer de datos compramos dos tarjetas SIM en Holafly. Una era de 8 días sólo para Tailandia y otra de 12 días multipaís porque era la mejor combinación posible. Fueron bastante caras, la verdad, aunque funcionaron bien y la ventaja fue que no tuvimos que andar mirando y comparando allí y el soporte era en español. También se pueden comprara en destino y son muchísimo más baratas.

Seguro

Para viajes internacionales no nos la jugamos y llevamos siempre un seguro. En esta ocasión, al ir con nuestra hija compramos uno bastante completo (y por tanto, más caro) en IATI. Fue la primera vez que tuvimos que tirar de seguro durante el viaje, y la respuesta fue razonablemente rápida y satisfactoria.

Visados

Por último, para el tema visados, la cosa es muy fácil.

En Tailandia no es necesario visado. Hay que cubrir un formulario de inmigración al llegar (si llegas por aire te lo reparten en el avión), te ponen un sellito al ingresar al país con la fecha máxima de estancia y tienes que guardar el resguardo del formulario que debes entregar a la salida del país, donde te volverán a sellar la salida. También te registrarán las huellas digitales de cada mano y una foto. Es totalmente gratuito todo el proceso.

En Camboya sí se exige visado para entrar al país, pero se hace al llegar (on-arrival). También hay que cubrir un formulario de inmigración (un poco más lioso que el de Tailandia), entregarlo en los mostradores de aduanas junto con el pasaporte y esperar a que te llamen para darte el pasaporte con el visado. El coste es de 30 dólares por persona y no hace falta nada más. Antiguamente era necesario una foto carnet pero hoy en día te hacen ellos una foto al llegar con una cámara y santas pascuas.
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