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 Cannes

Este fue quizá de los días más aciagos de todo el viaje para mí. Me había despertado con dolor de gargante y fui empeorando a lo largo del día. Lo achaqué a los aires acondicionados y, en principio, no le di mayor importancia. Ese día nos tocaba visitar uno de los -a priori- sitios más chics de la Riviera Francesa: Cannes. 
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Pero nada más llegar ya vimos que la cosa no iba a ser fácil. Cannes estaba totalmente atorado por el tráfico y todos los parkings que encontramos colgaban el cartel de completo. Decidimos marcharnos a visitar otra cosa y volver luego. Sin embargo, de camino a la salida de la ciudad encontramos un parking libre y allí nos metimos, aunque sin muchas expectativas porque ya habíamos visto cómo era la ciudad. Y es que Cannes nos decepcionó bastante, nos esperábamos algo de encanto y no encontramos ninguno :(

Rue de Antibes y La Croisette

Bajamos por la Rue de Antibes, la calle comercial de la ciudad donde se encuentran todas las marcas lujosas y las tiendas de otras insignias como Zara, Mango, etc. De ahí llegamos hasta la zona costera de La Croisette, una de las más conocidas, donde se encuentra la playa, el Palacio de Congresos y Exposiciones y el Paseo de la Fama. El sol daba en pleno y no había ni una sola sombra y yo me encontraba cada vez peor. 
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A lo largo del paseo se suceden los tres lujosos hoteles de Carlton, Majestic y Martínez cada uno con su playa privada.
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Mi suegro, al menos, si lo estaba disfrutando y allá que se fue al Paseo de la Fama y al Palacio de Festivales y Congresos que acoge el archifamoso Festival de Cine de Cannes. Incluso hizo cola religiosamente para sacarse una foto en lo alto de las escaleras cual estrella de cine.
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Paseo de la fama
El palais también fue un bluf, cero glamouroso a pesar de la "alfombra roja" de las escaleras.
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Escaleras para posar
 Aquí yo ya no podía más y pedí papas. Necesitaba descansar y alejarme del sol. Volvimos a las calles más comerciales y nos sentamos en un restaurante a comer algo y a ver si me reponía con un paracetamol. El fresquito del local algo me reanimó, y comer algo, también, porque otra vez habíamos ido sin desayunar más que un par de frutas para no perder tiempo (Restaurante La Cantina: mi crítica en Tripadvisor aquí).    
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Ensalada nizarda, versión cannoise
Después de comer no le quisimos dar más tiempo a Cannes. Nos estaba pareciendo altiva y elitista, superpoblada y agobiante. Es cierto que no visitamos el Puerto Viejo ni el barrio de Le Suquet, que dicen que es lo más tradicional y bonito, pero el día tampoco invitaba a llegar hasta allí andando bajo el sol plomizo visto mi estado.

Antibes

Decidimos cambiar de ciudad e ir a Antibes, a media hora de Cannes. Antibes -Antípolis antiguamente- fue fundada por los griegos, después pasó a manos romanas -convirtiéndose en Antíbulus- y de ahí a la familia Grimaldi (sí, esa familia monegasca en la que estáis pensando). Entre sus estrechas y pintorescas calles con su característico adoquinado nos pudimos proteger un poco del sol mientras disfrutábamos de un tranquilo paseo.
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Calles de Antibes, con su adoquinado
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Ocres en Antibes I
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Ocres en Antibes II
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Hazme una foto en este rinconcito ahora que me encuentro un poco mejor"
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Calles de Antibes
Después intentamos ir a alguna de sus playas, pero fue imposible porque aunque tiene bastantes son muy pequeñitas y estaban llenas hasta la bandera. Os juro que no había un triste sitio donde poner una toalla por mucho que nos apretáramos. Desistimos también de ir hasta los pueblecitos cercanos como Grasse o Saint-Paul-de-Vence porque el tráfico era tal que se nos iba a complicar la vuelta al hotel y ya estábamos todos muy agotados. Llevábamos tres días durmiendo poco y con mucho calor, además de viajando con niños, que en estas cosas se nota. Por eso volvimos al hotel a descansar. Peque 1 pudo disfrutar un rato de la piscina con los abuelos mientras nosotros organizábamos las excursiones del día siguiente.    

Mosquitos tigre en la Costa Azul

Algo con lo que ninguno contábamos era la cantidad de mosquitos que hay en esta zona de Francia. Acabamos todos picadísimos por las piernas, y eso que apenas hacíamos vida nocturna. Las reacción a las picaduras era grande, con zonas enrojedias y muchísimo picor. Por lo visto el mosquito tigre ha invadido toda la zona, así que lo mejor es andar con precaución y tomar medidas para evitar su molesta picadura.
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Tolón

15 de agosto. Al igual que es España en festivo en Francia. En vista de ello, decidimos no aventurarnos a visitar nada lejano por las colas y el tráfico que podría haber. Por la mañana estuvimos paseando por Tolón, donde teníamos nuestro hotel, que nos pareció un sitio con mucho encanto y de los más auténticos que visitamos en todo el viaje.

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A unos Tolón les sonará porque suele ser puerto de escala de muchos cruceros por el mediterráneo o de los ferrys a Córcega. A otros os sonará por el famoso episodio del autohundimiento de la flota militar francesa para no caer en manos de los nazis o algún otro asedio en las guerras de sucesión del siglo XVIII. Y es que Tolón, además de estar en una posición clave, tiene una riquísima historia y un carácter propio que se nota al pasear la ciudad.

Tolón es la tercera ciudad más poblada de la zona tras Marsella y Niza y una de sus características es su rada, que ha influido en su devenir histórico, además de su estratégica posición. La rada daba refugio a flotas militares y servía de escala para barcos comerciales. Las expediciones a África de Francia -como por ejemplo la conocidísima expedición de Napoléon Bonaparte a Egipto de la que se trajeron la Piedra Rosetta que permitió descifrar los jeroglíficos- partieron de este puerto. Hoy en día su arsenal y su base naval son las más importantes de Francia y de Europa y una parte de su historia se puede ver en el Museo Naval. 

Tras la Segunda Guerra Mundial muchos edificios quedaron arrasados, al igual que el puerto y el arsenal. De hecho, no es hasta el siglo XXI que la ciudad se transforma y va pidiendo su paso como centro turístico de la Riviera Francesa.

Pero vayamos poco a poco, porque Tolón pide una degustación lenta, saboreando todo lo que ofrece que va surgiendo gradualmente según te adentras en ella.

Ciudad Alta 

Nuestro paseo empezó cerca del hotel, ya que íbamos andando. Era la Ciudad Alta, que también se llama el distrito Haussman porque fue él quien proyectó la expansión de esta parte de la ciudad y su transformación urbana, al igual que hizo con París y otras urbes como Marsella, Rouen, Lyon, Toulousse... A izquierda y derecha iban surgiendo grandes edificios neoclásicos y monumentos a los muertos de las guerras.  
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Palacio de Justicia, de estilo neoclásico, cuyo techo quedó destruido tras la guerra.
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Monumento a los muertos de la guerra 1914-1918, frente a los juzgados.
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Museo d'Art de Toulon (MAT)
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Cámara de comercio e industria
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Foto familiar en la Fuente de la Federación, en la Plaza de la Libertad

Ciudad Baja 

Después pasamos a la Ciudad Baja, que es el distrito comercial medieval y que es prácticamente peatonal, con fachadas en tonos ocre y encantadoras placitas.
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Rue Jaurès, una de las calles principales de la ciudad

Puerto y Arsenal

El puerto es una de las partes más características de la ciudad. Aquí se encuentra el Arsenal militar, de hecho, podemos decir que "preside" esta zona. El arsenal comenzó a funcionar en el siglo XV y comenzó a cobrar importancia durante los siglos XVI y XVII, momento en el que Tolón se unió a la corona francesa y, dada las excepcionales condiciones de este puerto, se convirtió en base naval. Es un espacio inmenso que da cabida a decenas de dársenas, edificios y 20.000 trabajadores, convirtiéndolo en el primer puerto militar del Mediterráneo y la principal base naval de Francia.

La base naval se divide en cinco zonas, cada una con su función específica. Es la base del portaaviones Charles de Gaulle,  buque insignia de la marina francesa -La Royale-, diversas fragatas de defensa aérea y antisubmarinos, diversos submarinos de ataque nuclear, portahelicópteros, etc. 

Según bajamos a nuestra derecha se encontraba la puerta de acceso a la base naval y el arsenal militar, y de frente, la entrada al Museo Naval, ambas imponían. Sobre todo porque todo el complejo está rodeado de una verja con un cartel que reza "Terrain militaire. Defènse d'entrer". Al museo no quisimos entrar (con las dos niñas, era complicado) pero moríamos de ganas por entrar al arsenal (no se puede visitar).

Sin embargo es posible (y recomiendan) hacer una visita guiada al puerto en barco. De esta forma se puede ver (por fuera, eso sí) una parte del arsenal y la base naval. Las visitas duran una hora. Nosotros optamos por pasear por la Darse Vielle, la dársena vieja, repleta de cafés y barcos de recreo. A lo lejos se divisaban los inmensos ferrys que hacen el trayecto hasta la isla de Córcega.
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Vistas de la dársena vieja
Seguimos nuestro paseo por la Ciudad Baja descubriendo comercios artesanos y pastelerías, a cada cual con mejor pinta. Aprovechamos para comprar algo para la cena y dejarlo en el hotel, y también entramos en un super para eso mismo. Hasta compramos unas deliciosísimas msemmen en un puesto auténtico marroquí. 
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Cours Lafayette, calle principal de la Ciudad Baja y donde tiene lugar el Mercado Provenzal
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Delicias locales
A estas alturas, Tolón ya nos había conquistado totalmente. De hecho, unos de mis sueños ahora es volver y veranear allí, sólo disfrutando de la ciudad, porque nos quedaron muchas cosas por hacer como subir al Monte Faron en teleférico, hacer la visita al puerto en barco o disfrutar sus playas.

Hyères

Por mucho que nos gustara Tolón y por mucho que quisiésemos quedarnos allí para siempre, pesaron más las ganas de seguir conociendo sitios. Así que volvimos al hotel, cogimos el coche y nos acercamos hasta la vecina Hyères. A pesar del terrible calor, de camino se puso a llover, aunque para cuando llegamos a Hyères ya lucía el sol de nuevo. 

En Hyères encontramos sitio para aparcar a pie de calle, pero no teníamos claro si había que pagar o no, por ser festivo. Después de mucho debate, entendimos que no hacía falta. Al ser festivo también nos encontramos casi todos los restaurantes cerrados, ya que no es de las ciudades más turísticas. Después de peinar los restaurantes cercanos encontramos uno abierto pero no nos daban de comer porque ya eran las 14 horas y cerraban a las 15. También nos comentaron que los domingos y festivos cerraban casi todos los restaurantes (los supermercados, sin embargo, sí están abiertos).

Al final, encontramos un par de brasseries abiertas en la zona vieja donde pudimos comer (Brasserie La Regence: mi crítica en Tripadvisor aquí).
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Otra ensalada nizarda, versión hyèrois.
Al terminar de comer, ya sí, pudimos empezar a explorar la ciudad. 

Hyères fue fundada en el siglo VI por colonos griegos y tras su pasado medieval adquirió fama como ciudad balneario. Pese a ello, parece que ha evitado la masificación turística de la Riviera, al menos en lo que se refiere a la propia ciudad, muy tranquila. La mayoría de las visitas a esta comuna se concentran en sus magníficas islas y las playas de su costa. Ese día la encontramos casi vacía. 

Como curiosidad, Hyères es un centro de cultivo de palmera porque esta planta se aclimató perfectamente después de haberse traído de las Canarias en el siglo XIX. Hay más de 7.000 palmeras plantadas por toda la comuna, por eso también es conocida como Hyères les Palmiers. Además de palmera, también exportan cactus.

Al igual que Tolón, Hyères también tiene un centro histórico medieval al que se accede por la Porte Massillon, del siglo XII. Una vez atravesamos esta antigua puerta nos encontramos en la calle del mismo nombre, Rue Massillon, que desemboca en la animada Place Massillon. Massillon, por lo visto, fue un obispo y predicador muy famoso del siglo XVI nacido en Hyères.
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Porte Massillon
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Rue Massillon, arteria principal de la ciudad
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Place Massillon y su torre templaria
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Rue de Limans

Vamos a la playa, calienta el sol

Para pasar la tarde nos pareció buen plan ir a alguna playa a probar las cálidas aguas del Mediterráneo (los gallegos me entendereis). Estuvimos dudando si quedarnos en las playas de Hyères o volver a Tolón, y decidimos volver a las playas de Tolón porque era el día grande de la ciudad, había exhibición de la patrulla aérea y fuegos artificiales. Qué error. Obviamente esa idea la había tenido más gente, así que casi a las puertas de la playa nos encontramos en un atascazo y sin posibilidad de aparcar en ninguna parte. Vimos la patrulla aérea, sí, a ratos, desde el coche en medio del atasco :(

En cuanto conseguimos salir pusimos rumbo a Hyères de nuevo y aunque allí también había mucha gente sí pudimos encontrar un sitio para dejar el coche mal que bien en la Playa de La Capte. ¡La peque 1 alucinó cuando se metió en el agua y notó que estaba caliente! Acostumbrada como está a las gélidas aguas gallegas me preguntó que por qué no podíamos tener las aguas así en Galicia xD
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Vivan las aguas cálidas, aunque haya que caminar kilómetros para que cubra algo xD
La Capte es una playa de 4 kilómetros muy familiar por sus aguas tranquilas y poco profundas. Lo malo es que está orientada al este, así que enseguida se hizo sombra y la gente comenzó a marcharse. Nosotros nos quedamos un rato más (seguía haciendo bastante calor) porque las niñas lo estaban gozando. En un momento dado apareció por la playa un hombre arrastrando un carrito de helados bio de todo tipo de frutas (por estas cosas sabes que Francia es el primer mundo xD). Por supuesto picamos y probamos un par de helados de mango y de frambuesa ¡la fruta favorita de peque 1!.
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La playa se encuentra en la península de Giens que es actualmente una reserva ornitológica. Así que de camino al coche nos llevamos una gran sorpresa cuando pudimos avistar a simple vista flamencos rosas en las marismas y, además, una preciosísima puesta de sol.
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Flamencos en Giens
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 Saint-Tropez

Nuestro primer día de visitas en la Costa Azul lo comenzamos por Saint-Tropez, ya que era la ciudad más cercana a nuestra base. Queríamos empezar con calma el viaje, así que no nos planteamos más que pasear y ver lo que nos cuadrase, sin agobios. 

La verdad es que nos esperábamos un pueblo sin encanto y totalmente vendido al turismo y nos llevamos una sorpresa. Aunque sí había calles comerciales con las marcas más lujosas y cafeterías con precios desorbitados, también encontramos rinconcitos de lo más encantadores y restaurantes con precios no demasiado lejanos a los gallegos.
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Rincones de Saint-Tropez
Salimos del hotel a las 10 sin desayunar con la idea de hacerlo allí. Para llegar a Saint Tropez hay que seguir la carretera que bordea la costa, razón quizá por la que es una de las ciudades que todavía conserva parte de su encanto rústico. Por ello también es frecuente que haya atascos y mucho tráfico, así que un trayecto de una hora puede llegar a doblarse. También habíamos leído que podía ser complicado aparcar, pero al final encontramos un parking muy céntrico en la Place des Lices a 3€/hora. [Tip: Aunque suelen ser caros, los parkings de la Costa Azul en general están bien. Nuestro coche de alquiler era un semi-SUV de 7 plazas y, salvo los accesos que pueden ser algo angostos, después estaban bien acondicionados y eran espaciosos]. 

Después de aparcar y callejear un poco ya era la hora de comer. [Tip: En Francia se come temprano comparado con España, el horario de los restaurantes suele ser de 12 a 15 y si llegas a las 14:30 pueden no darte de comer porque falta muy poco para el cierre, que cumplen a rajatabla]. Como en Francia es muy normal y más económico el plat do jour (plato del día) fue lo que escogimos. El plat do jour es parecido al menú del día español. Normalmente por el precio incluye sólo el plato principal, pero en algunos sitios puede incluir también algún entrante y/o postre. La bebida se paga aparte salvo el agua, que es de jarra y es gratuita. Aprovechamos para probar alguna especialidad local como la ensalada nizarda y los moules frites que nos gustaron mucho (Restaurante Le Peché Mignon: mi crítica en Tripadvisor aquí).
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Moules frites (mejillones con patatas fritas)
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Ensalada nizarda
Saint-Tropez era en principio un fuerte militar, cosa que atestigua su ciudadela. Tuvo también un papel destacado en la II Guerra Mundial. Posteriormente, la población fue bajando de la ciudadela -en lo alto- hasta la costa para las actividades pesqueras y así derivó en un pueblecito de pescadores olvidado. A partir de los años 50, con el cine y Brigitte Bardot, se puso de moda como ciudad de vacaciones...y hasta hoy. Sin embargo, la ciudad vieja conserva parte de su encanto original, en forma de casitas con fachadas de colores ocres y naranjas.
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Plaza del Ayuntamiento
La zona del puerto es muy animada, llena de cafeterías, heladerías y, sobre todo, magníficos y lujosos yates para ver y ser visto.
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Fachadas típicas
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Camino al faro
Las calles comerciales Rue Gambetta, Sibile y Allard también están llenas de gente. Allí se encuentran las marcas más famosas del mundo, tanto francesas como italianas. Ropa, joyería, relojes...pero también tiendas de artesanía, cuadros, decoración... A nosotros nos llamó la atención una pastelería donde cogimos varias piezas de bollería típicas: croissants y pain au chocolat(una delicia en Francia), un éclair y una tarta tropézzienne. Todo exquisito.
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En la Place des Lices, el corazón de la ciudad, se vislumbra la vida en Saint-Tropez más auténtica: puestos de comida, atracciones, gente jugando a la petanca... Nos entretuvimos viendo el juego de petanca y, como no, también hubo que dejar que la mayor se montara en las atracciones un par de vueltas. Mientras tantos, cogimos comida para llevar para cenar y de paso probar más cosas típicas. No pudimos resisitirnos a llevar un trozo de pissaladière, una pizza-tarta con anchoas y aceitunas negras que estaba riquísima. También cogimos quiche y un poco de tabulé. Después nos montamos en el coche rumbo a Port Grimaud.

Port Grimaud

Port Grimaud es una localidad totalmente artificial construida en el siglo XX y conocida como "La Venecia provenzal" (Ni un sólo país sin su "Venecia" particular xD). La idea era hacer una "Venecia francesa", una ciudad donde cada persona tuviera su casa y su barco amarrado. Para ello se acondicionaron las marismas y se construyeron los edificios buscando la estética provenzal. Hay prácticamente tantas casas como muelles y 7 km. Sus habitantes son personalidades célebres -léase ricas-, banqueros, empresarios, etc. En 2002 se catalogó como "Patrimonio del siglo XX" por el Ministerio de Cultura francés. Puede gustarte u horrorizarte. O un poco de ambas.

Al llegar debes dejar el coche en su extensísimo aparcamiento porque en Port Grimaud, como en Venecia, los coches no pueden entrar. 
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La entrada a Port Grimaud
En efecto, la manera de moverse por Port Grimaud es, obviamente, el barco. Puedes llegar a pie a ciertos sitios, pero realmente está pensada para moverse por los canales. Hay muchas compañías que ofrecen recorridos en barco tipo vaporetto, pero también se pueden alquilar barquitas para 2-4 personas por horas.
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Canales de Port Grimaud
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Los barcos, omnipresentes en Port Grimaud.

Grimaud

Visto Port Grimaud nos volvimos al coche y subimos hacia la montaña, a Grimaud. Es un pueblecito encantador de los muchos que se encuentran en la Costa Azul. Lamentablemente, fue el único que pudimos visitar porque no nos dio el tiempo para más (el otro al que pudimos llegar, volviendo de Mónaco, nos fue imposible aparcar y tuvimos que desesistir). 

Grimaud nos pareció de postal. Tiene unas vistas espectaculares de toda la costa, calles empedradas llenas de flores y un castillo medieval. Tan de postal que nos quedó mucha pena de no haber visto la verdadera esencia de esta zona, y si algún día repetimos visita será para ver todos estos pueblecitos que nos quedaron en el tintero.
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Vistas de la costa desde Grimaud
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Iglesia de Saint-Michel
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Calles de Grimaud I
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Calles de Grimaud II

Castillo de Grimaud

El castillo de Grimaud data del siglo XI. En aquel entonces Grimaud era la ciudad más grande de la zona. Todos sus habitantes vivían en el recinto del castillo. Después se fue expandiendo. Hoy en día el castillo está en ruina y se puede visitar libremente. La entrada es gratuita. Las vistas desde lo alto son impresionantes.
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Torre del castillo
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Interior en ruinas
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Vistas I
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Vistas II
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Vistas del pueblo desde el castillo
A las afueras de la ciudad hay un antiguo molino, junto al cementerio, que data del siglo XVI.      
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Tormentas en la Costa Azul

De vuelta a Tolón, donde hacíamos base, nos pilló una tromba de agua brutal seguido de una gran tormenta. Por desgracia, las tormentas eléctricas son habituales en agosto y septiembre. A veces son muy intensas y peligrosas, ya que las acompaña la lluvia torrencial y puede inundar algunas zonas. Nosotros tuvimos suerte de que sólo nos pilló la última media hora de regreso, cuando algunas partes de la carretera empezaban a ser intransitables porque bajaba el agua de la montaña a modo de torrente. Otra tormenta nos despertaría dos días después...
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La tormenta desde el hotel
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Improvisando destino: De la Provenza a la Costa Azul

 ¿Sabéis cuando hay pandemia y lleváis sin salir de España (con la excepción de Portugal) ya 2 años? ¿Sabéis cuando el presupuesto de viajes se acumula por las restricciones? ¿Sabéis cuando por fin se levantan (casi) todas las restricciones? Pues lo que sucede es un viaje totalmente improvisado porque hay muchas ganas, así que te pillas un vuelo con las nuevas rutas de Ryanair 5 días antes de la salida y pagando una pasta porque la vida son dos días y hay que disfrutarla y nunca se sabe cuando puede venir otra pandemia xD
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Rumbo a Marsella en familia
La idea inicial y meditada era hacer base en Marsella y desde allí conocer toda la zona de la Provenza, moviéndonos en tren a Arlés, Nimes, Avignon... La alternativa era la Costa Azul, que sabíamos que iba a ser imposible en pleno agosto. Pero al final se apuntaron mis suegros al viaje, y les hacía más ilusión Costa Azul e ir a la aventura, así que al final nos lanzamos y reservamos un hotel en el único sitio donde quedaban libres dos habitaciones y no valían un auténtico riñón (sólo medio): Tolón. También reservamos un coche de 7 plazas a recoger en el aeropuerto de Marsella con Europcar.

El lío con los taxis y las sillas infantiles

Para llegar al aeropuerto reservamos un taxi con dos sillas, por lo que tuvimos que pagar por la reserva previa y por las sillas. Cuál fue nuestra indignación cuando el taxista llegó tarde y con las sillas sin colocar para que las pusiéramos nosotros que "el no entendía". Apañamos como pudimos, pero una de ellas tenía roto el tensor y no se podía ajustar. La solución del taxista fue "ponle tu el brazo" así que ya me veis sujetando a una de las niñas todo el trayecto mientras el taxista se quejaba de que no le salía a cuenta hacer trayectos con sillas de niños porque luego tenía que devolverlas a la central y perdía tiempo... En fin, lo más triste es que a la vuelta y en los viajes siguientes cada taxi que cogimos nos contaba una historia diferente sobre si era obligatorio o no usar silla y si era su responsabilidad o nuestra. Al final llegamos a la conclusión de que no valía la pena ir en taxi porque todos se desentendían de la seguridad, pero bien que cobraban el servicio sin darlo.

Vuelo a Marsella y recogida del coche de alquiler

En el aeropuerto nos esperaban los abuelos paternos. Facturamos y pasamos el control de seguridad sin problema. Había muy poca gente para ser agosto. El vuelo iba a ser el primero que hacía la peque 2, y el primero que haría también más consciente la peque 1, porque el último lo había cogido con 20 meses (prepandemia) y ya no se acordaba. La peque 1 pidió ventana, y peque 2 no paraba porque se le había pasado la hora de la siesta. Al final pidió teta y se durmió hasta poco antes de llegar. Aterrizamos en Marsella pronto, y tanto el desembarque como la maleta facturada fueron super rápido.
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Peque 1, como si llevara toda la vida viajando (prácticamente, estaba a punto de conocer su país nº 10 con 4 años)
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Peque 2 familiarizándose con las vistas
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Costa azul desde el aire

Las sillas de niños de Europcar

Lo que se hizo eterno fue la espera para recoger el coche de alquiler. Después de casi 2 horas de cola por fin nos tocó recoger el coche, un monovolumen casi como el nuestro particular y de la misma marca, así que en ese sentido, genial. Lo malo, la seguridad de las niñas.  Al alquilar el coche habíamos reservado 2 sillas de coche infantiles. Nos dieron una silla a favor de marcha cuando la normativa española para los niños de la talla y peso de nuestra peque 2 (que tenía apenas 1 año recién cumplido) exige contramarcha todavía porque es más segura en caso de accidente. Preguntamos si no tenían a contramarcha, la normativa...pero nos encontramos un gran desconocimiento al respecto y cero interés, mucho más en vendernos una extensión de seguro a precio de oro. La silla, además, la teníamos que instalar nosotros. Menos mal que probando nosotros averiguamos que la silla funcionaba a favor y en contra de la marcha, aunque la sujeción Isofix dejaba bastante que desear para una niña de apenas 1 año y de talla pequeña. 

La solución para la mayor tampoco era mejor. Para su peso nos dieron un triste alzador que no le servía, cuando en la reserva ponía "silla" y en la normativa francesa se exige silla con respaldo para su peso y talla. Todo un despropósito. En vista de ello, decidimos instalarla lo más atrás posible en el coche, para que en caso de accidente su seguridad no se viera tan comprometida.

Cena en Tolón

Por fin pudimos coger el coche y salir del maldito aeropuerto casi 3 horas después de haber aterrizado. Aún teníamos que conducir poco más de una hora hasta nuestro destino final. Salir de Marsella fue complicado porque había mucho tráfico, por lo que tuvimos que andar con mil ojos y muy atentos. Sobra decir que llegamos reventados, pero al ver el poster en la habitación empezamos a hacernos a la idea de que por fin estábamos en la Costa Azul, y nuestro viaje sólo había comenzado. Tuvimos el tiempo justo para descargar las maletas y bajar a cenar al restaurante del hotel antes de que cerrara. Eran casi las 22:00 y en Francia a las 23:00 está prácticamente todo cerrado, son bastante estrictos con los horarios de la hostelería, lo cual, aunque ese día no nos venía demasiado bien, nos pareció muy bien a nivel laboral. (Hotel Holiday Inn Toulon: mi crítica en Tripadvisor aquí)
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Bienvenidos a la Costa Azul
Nos sorprendió gratamente el personal del hotel, nos esperábamos un recibimiento más seco (los que habéis estado en París, lo entenderéis) pero a decir verdad fueron encantadores no sólo el personal del hotel, sino todas y cada una de las personas que nos encontramos en nuestro viaje por esta zona francesa. Intentaban hablar en español, intentaban ayudar... ¡una maravilla!. Esta zona tiene otro ambiente y otro espíritu mucho más mediterráneo y eso se nota.
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Mamá cansada reponiendo fuerzas
Enseguida subimos a la habitación a descansar, aunque costó mucho dormir a las peques ¡estaban emocionadas! Como siempre que llegan a un hotel, porque para ellas todo es nuevo y divertido, como el teléfono de la habitación, los botoncitos de la caja fuerte, el sofá-cama... Poco dormimos esa noche, y esa fue la tónica del viaje, madrugones y poco descanso para poder exprimir al máximo nuestra semana en este rincón tan encantador. 
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