Suiza día 3: Lucerna
En tren a Lucerna
Esta vez tocaba ir dirección Lucerna, para lo que repetimos lo que habíamos hecho el día anterior sólo que cambiando de destino en la estación central de Basilea.
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| Letrero |
Esta vez, como teníamos un poco más de tiempo nos paramos a analizar las informaciones de los letreros de la estación, que te indicaban la clase de cada vagón, la ocupación y las características de cada vagón (si tenía servicio, acceso para bicis o carritos, etc.)
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| Letrero indicando la clase de cada vagón |
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| Letreros indicando baños, vagón infantil, ocupación ,etc. |
Elegimos el vagón infantil y la verdad es que era superguay, todo decorado con dibujos y con juegos en la mesa. Las niñas lo gozaron. Y lo mejor es que estábamos casi solo y no molestábamos a nadie.
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| Decoración del vagón infantil |
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| La mesa para jugar con juegos ya pintados. |
Lucerna
En Lucerna desembocamos en la estación central, muy céntrica. La ciudad no es muy grande, tiene unos 200.000 habitantes, pero es la ciudad más turística de toda Suiza. Se encuentra enclavada entre montañas, y, como no, también tiene un precioso lago con su mismo nombre.
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| Bienvenidos a Lucerna |
Kappelbrücke
La atracción más visitada de la ciudad es el Kapellbrücke o puente de la capilla que atraviesa el río Reuss de una orilla a otra. Se trata de un puente de madera de poco más de 200 metros de longitud, construido en el siglo XIV y que atraviesa también la Wasserturm o la torre del agua, la torre octogonal de piedra construída a su vez en el siglo XIV. Es, según dicen, el puente de madera más antiguo de Europa.
La zona es fotogénica por los cuatro costados, así que nos entretuvimos en sacar unas cuantas fotos.
El interior del puetne acoge varias pinturas triangulares del siglo XVII y muestras escenas de Lucerna y su historia.
Ya en el otro lado del puente nos perdimos por las calles y encontramos un montón de fachadas interesantes y bonitas. Sin embargo, en algunos puntos teníamos la sensación de que todo era un decorado turístico, lleno de tiendas de recuerdos y de restaurantes.
Monumento al León
El León dormido o Löwendenkmal es otro de los sitios más conocidos de Lucerna. Incrustado en la roca, recuerda a los soldados suizos caídos durante la revolución francesa. Justo al lado de se encuentra el Jardín del Glaciar, que anunciaban con mucho bombo pero desde fuera no nos pareció cutre y carísimo.
La siguiente parada fue la Hofkirche o Iglesia de San Leodar, que fue construida por Carlomagno en el siglo VIII y de la cual hoy en día sólo sobreviven sus torres tras un devastador incendio.
Las puertas de entrada llaman la atención. Son robustas puertas de madera, con grabados de los santos patronos de la ciudad. San Leogar a la izquierda y San Mauricio a la derecha.
En su interior destacan el altar y el púlpito en madera y un impresionante órgano, uno de los más grandes de Suiza, con más de 6.000 tubos. Además tuvimos la suerte de que lo estaban tocando ese día, y el sonido reverberaba por toda la nave, inundando cada rincón.
El lago de Lucerna
Desde la iglesia, que se encontraba en un alto, iniciamos el descenso hacia el lago y, ahí sí, nos quedamos embobados. ¡Menudo paisaje! Las montañas se confundían con el cielo y el mar, y todo imbuía una sensación de calma y serenidad. Si hasta entonces Lucerna había tenido sus luces y sus sombras, esta vista nos reconcilió con ella, ya sólo por ese lago y ese paseo merecía muchísmo la visita.
En esta zona hay un gran paseo arbolado que llega hasta el casino, y estaba todo muy animado con una pequeña fiesta LGTBI.
Había un puesto de la armada suiza donde podías probar suerte en la ruleta y aparte de unos chocolates suizos nos dieron un pequeño llaver odel Swiss Army.
Ya apretando el calor subimos hacia el Muro de Musseg, la fortificación del siglo XIII desde donde también hay unas impresionantes vistas de la ciudad.
Entramos a una de las torres, la Zytturm, para ver el reloj medieval.
La idea era hacer el recorrido por toda la muralla, pero estábamos ya cansados y muy acalorados (había más de 30ºC y era pleno mediodía) y decidimos abortar la misión. Yo me quedé con las ganas, pero era inviable. Tampoco había ningún sitio donde para un rato a comer y descansar, así que volvimos a bajar ya cansadísimos.
Paramos en un tailandés a comer, nos refrescamos un poco, nos volvieron a regalar chocolatinas y volvimos a pasear.
Llegamos hasta la Kornplatz donde se haya el ayuntamiento del siglo XV, aunque su torre es anterior. Esta plaza también estaba muy animanda y había un espectáculo que ya ni recuerdo de qué era.
Volvimos a la zona del Kappellbrücke, y por supuesto, más fotos. Es fascinante.
Pero esta vez cruzamos por otro puente de camino a la Jesuitenkirche o Iglesia Jesuita que parecía estar al borde del agua. Data del siglo XVII.
Como habéis podido observar, Lucerna tiene una fuerte tradición católica y fue uno de los bastiones del catolicismo durante la reforma protestante. Si en nuestro anterior viaje a Suiza, en Ginebra nos habíamos encontrado iglesias protestantes y referencias a Calvino, en Lucerna se mantuvo la tradición católica.
La Iglesia de los Jesuitas estaba ricamente decorada, en comparación con la sencillez protestante casi parecía una ostentación deliberada.
Seguimos el paseo por pintorescas calles y plazas, siguiendo el río en dirección contraria al lago.
Encontramos otro pequeño puente de madera, el Spreuerbrücke o Puente del Molino. También cuenta en su interior con pinturas, aunque en esta ocasión tratan el tema de la muerte.
Nos detuvimos en el puente para echar un último vistazo a la ciudad. El río bajaba ya con fuerza por esta zona, donde antiguamente se encontraban los molinos.
También se divisaban al otro lado del río algunas de las torres del Muro de Musseg.
Al final, como íbamos bien de tiempo, decidimos despedirnos del viaje con un último baño. Si el primer día fue el río Rhin en Basilea y el segundo el lago de Zurich, hoy teníamos sí o sí que bañarnos en el lago de Lucerna, el Vierwaldstättersee o Lago de los Cuatro Cantones. De camino íbamos viendo los barcos que invitaban a surcar las aguas.
También vimos un pequeño festival de comida vegana, muy animado.
Playa de Ufschötti
A pocos minutos de la estación de tren encontramos la Ufschötti Strand, una pequeña playa fluvial perfectamente acondicionada para nuestro baño. Esta vez, además de césped, había incluso arena y hasta duchas y el agua estaba increíble.
Hicimos turnos para bañarnos con la mayor, porque la pequeña se había dormido en el carrito. Aunque estaba anocheciendo, el tiempo tan increíble y el paisaje tan espectacular que tratábamos de grabar en la retina cada panorama y saborear cada momento. Era el último día del viaje y pocas veces las naturaleza nos ha dejado tan impactado y la hemos disfrutado tanto. Menuda gozada de vacaciones. Una vez más, volvíamos enamorados de los paisajes de Suiza.

















































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